Categorías: Opinión

Corazón tan duro

La dureza de Intereses espurios no declarados o, en algunos casos, sin pudor expresados. Sobre mil doscientas vidas sesgadas y más de doscientos secuestrados después por la barbarie fanática; tras sesenta y muchos mil muertos, tanta infancia destruida o aniquilada, por quien un día le perteneció la razón y después la perdió por tomarse la justicia por su mano indiscrinanada e inmisericordiamente, pesa el esperpento.

Tras todo esto, un alto el fuego avasallador, imprescindible desde hace demasiado tiempo ya, se "vende" como un gesto de excelencia magnánima y humanidad (una humanidad orillada ya y en el olvido) y, además con la guinda, como insulto, de merecedora de premio, premio gordo. Hubiese bastado, sin tanto histrionismo, adelantar esta fuerte presión para parar la masacre, pero más vale tarde que nunca, ese es el sentimiento. En la humanidad, o se cree en ella y prioriza, o se relega y, por ello, se desprecia.

El mensaje principal de una obra universal, "El corazón de las tinieblas" de Conrad, se basa en que "hay poca diferencia entre gente civilizada y salvajes". Cuán de lógica tiene ello en lo que ha sucedido, y puede siga sucediendo, en Gaza y alrededores.

Lo que ha venido acaeciendo hasta ahora en ese lugar de desgracia (lo siguiente aun está por venir) demuestra y singularmente en nuestro país, en España y sus territorios, en nuestro entorno, que la ideología política está por encima de los valores y principios esenciales. Creer y decir que de un acto terrorista y criminal no puede derivarse en exterminio indistinto, llamando las cosas por su nombre no es, ni mucho menos, un imposible. Y prácticamente lo ha sido para una parte no irrisoria. Esto demuestra que, en aras de la confrontación, todo es "útil", dando a entender que lo que sustenta principalmente a esa ideología es el enfrentamiento. En tiempos de tanto culto a la patria y sus símbolos, habría que recordar que lo mas genuinamente vernáculo es la humanidad, de ahí nace la auténtica identidad, sin atajos.

Hasta el día de hoy y finalizando el primer cuarto del siglo XXl, el carrusel de situaciones que han derivado de tan apocalíptico conflicto de destrucción, va dejando claro que el mundo, en general y aún con excepciones, se mueve en una brutalidad standarizada y de imposición tosca del poder en sus relaciones. Y no siendo la única grieta sangrante que sucede, deja mucho espacio a la incertidumbre y la desazón.

En tiempos de la inteligencia artificial galopante, el corazón, también la ambición y la soberbia, se endurece allá donde el poder grita. Y como un magma, se extiende a lo cercano. No es necesario ser pacifista para a seguir creyendo en la preeminencia de lo humanitario. Escribió Conrad, también, que "la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros".

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