En Melilla, como en buena parte de España, la primavera no solo trae sol y flores. Para las familias que tienen niños que cumplen 9 años trae una "multa" con bastantes ceros. Empieza la temporada de comuniones y las familias se ponen manos a la obra. La comunión ya no es solo ir a misa, hacerse una foto en la puerta de la iglesia y disfrutar del convite con la familia más cercana. Ahora prácticamente se ha convertido en un sinfín de decisiones que hacen que los padres se sientan planificadores de eventos profesionales.
Algunos dicen, bromeando, que la comunión es la nueva boda. No porque lancen ramo ni liga, sino porque hay que pensar en decoración, lista de invitados, regalitos, fotógrafo, un banquete a la altura, colchonetas e incluso DJ. Básicamente lo mismo que desplegarías para un enlace matrimonial.
Si miras las cuentas fríamente, una comunión hoy puede costar hasta más de 13.000 € si invitas y montas una fiesta grande. En un término medio en Melilla, muchas familias rondan los 4.000 € o más entre trajes, comida, fotos y detalles.
¿Te suena exagerado? Pues si sumas todo lo que entra en una comunión actual, no lo es tanto. La ropa del niño o la niña no es un rollo de última hora. Puede convertirse en un capítulo entero de presupuesto.
Para las niñas el vestido puede valer desde menos de 100 € hasta casi 2.000 €, dependiendo de si te gusta algo sencillo o algo con más detalles. La tradición sigue ahí, el blanco sigue estando ahí, pero hoy se mezcla con cosas modernas y algún toque de color. Además no podemos olvidarnos de la lista infinita de accesorios: diademas, calcetines, zapatos, bolsos, joyas y sin olvidarnos del peinado, claro.
Los niños no se quedan atrás, aunque salen un poco más baratos. El traje puede rondar desde poco más de 100 € hasta unos 670 €, según el estilo que elijas, ya sea marinero, almirante o de chaqueta clásica. Eso sí, los trajes de los chicos han avanzado mucho más que los de las niñas ya que ahora hay una gama de colores muy amplia. Además hay que añadirles también los complementos como camisa, corbata, calcetines, zapatos. Y obviamente agregarle lo que cuesta una medalla para llevar colgada al pecho.
Durante años, muchas familias optaban por opciones más sencillas o reutilizar trajes de hermanos mayores. Hoy la búsqueda empieza seis o siete meses antes del día señalado. Diciembre, enero o incluso otoño del año anterior son momentos habituales para empezar a mirar opciones, tallas y precios según comentan los comerciantes melillenses.
Si la ropa y los complementos ya suponen una parte importante del gasto, el banquete puede comerse gran parte del presupuesto restante. En restaurantes el cubierto puede variar bastante, desde opciones más asequibles a otras más elaboradas. En Melilla el precio por comensal se encuentra entre 50 y 60 euros.
Hay familias que hacen una comida con familia y amigos más cercanos. Otras reservan un salón entero, con barra de bebidas, postres especiales, donuts o mesas de dulces que parecen sacadas de un catálogo. En muchos casos, el convite ocupa muchas más horas que la ceremonia religiosa misma.
Hace no tanto, la comunión era más cosa de iglesia que de fiesta. Hoy hay quien pone música, quien contrata a alguien para hacer fotos adicionales, quien monta castillos hinchables o hasta un pequeño show infantil. Parece que se ha perdido la parte religiosa, quedando en segundo plano.
Organizar todo esto no es fácil. Si no comienzas con tiempo, te puedes encontrar con tallas agotadas, fechas completas en los restaurantes y fotógrafos que ya tienen agendas cerradas. Por eso, en muchos casos, la planificación empieza incluso antes de que termine el año anterior. Se traza una lista con prioridades y se decide qué merece más atención.
Hay quien hace listas detalladas por categorías: vestuario, peluquería, fotos, banquete, música, detalles para invitados y después las va ajustando según lo que puede o quiere gastar. Es una mezcla de ilusión y cálculo de gastos, porque todos todos los padres quieren que sus hijos tengan un buen recuerdo de este día tan especial.
Aquí también hay cambios. Ya no es raro que se incluya una lista de invitados amplia, con primos, amigos de la familia y hasta vecinos.
Los regalos han cambiado también. Antes era casi obligado que la niña llevara una medalla o que el niño recibiera un reloj. Hoy hay familias que prefieren regalos prácticos o experiencias: viajes a Disneyland, entradas a parques temáticos o algo que el niño vaya a usar de verdad.
Y luego está lo que no se cifra en euros. Las risas durante la prueba del traje, los abrazos de la familia en la iglesia, las fotos de niños corriendo por la terraza del restaurante o aquel momento en el que la tarta finalmente aparece después de una espera que parece eterna. Ese es el valor que no se pone en la lista, pero que todos guardan en la memoria.
Al final, la comunión en Melilla en 2026 es un día que mezcla lo religioso, lo social y lo familiar de una manera que hace años pocos imaginaban. Es una fiesta que se cocina con tiempo y esfuerzo, pero que dentro de unos años, cuando esos niños crezcan recordaran con todo el cariño del mundo.
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