Cómo tomar conciencia sobre moda sostenible: consejos para consumidores y empresas (Internet)
Uno de los términos que ha surgido en las últimas décadas y que demuestra la concienciación que hay en estos momentos por cuidar el medioambiente es el de la moda sostenible. Es un modo de hacer, una serie de prácticas que están llegando a todos los sectores industriales, y con lo que consume el textil particularmente, era casi necesario darle una vuelta de tuerca al modelo e incorporar nuevos puntos de vista.
La moda rápida (fast fashion) tiene un impacto negativo en el planeta, y es el coste que se paga, muchas veces, por establecer precios más asequibles. Tendencias flash, grandes producciones y mucha rotación en las colecciones hacen que el modelo sea insostenible a medio y largo plazo. El consumidor, cada vez más concienciado con esta problemática, está exigiendo a las grandes marcas responsabilidad social y que sean respetuosos con el medioambiente, con la biodiversidad y con los trabajadores y sus condiciones laborales.
Para el cambio de modelo, los expertos señalan que habría que sustituir la moda rápida por un sistema de economía circular, que permita optimizar recursos en la cadena de producción sin dejar de ser compatible con la competitividad de las empresas. Desde que se diseña la ropa hasta que llega a las tiendas y a los armarios de los consumidores, es importante no perder de vista el ciclo de vida que tiene y apostar por elementos que tengan una mayor durabilidad.
Elegir materiales más ecológicos, con un proceso productivo que resulte menos contaminante y que ayude a reducir la huella de carbono, este sería uno de los primeros compromisos para las firmas y los clientes. Se necesitan muchos recursos naturales para fabricar cualquiera de las prendas que llevamos en el día a día. Por ejemplo, el poliéster, que está muy presente en todas las etiquetas de ropa, es un tejido sintético que perjudica considerablemente el medioambiente. Con los naturales, el algodón orgánico consume menos agua en su cultivo que el tradicional.
Desde que se extraen las materias primas hasta que se gestionan los residuos una vez se desechan, hay muchas fases en las que se puede incorporar la perspectiva sostenible. Como clientes, hay algunos pasos a seguir: además de llevar prendas confeccionadas con materiales más sostenibles o de fibras naturales, es esencial disminuir el consumo. Antes de comprar, habría que preguntarse qué se quiere y para qué, si lo necesitamos o no y si le vamos a dar un uso suficiente. Sí, los caprichos se aceptan, pero estos criterios son determinantes para modificar realmente los hábitos de consumo.
Tener en cuenta el criterio medioambiental a la hora de comprar, revisar si son marcas que garantizan estos procesos respetuosos con el planeta o no y si cumplen con las certificaciones oficiales en esta materia. También, se puede comprobar si participan de iniciativas mayores en la línea de estos objetivos globales. Hace pocos años, la industria de la moda era la responsable directa de entre el 4 y el 10 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero, un dato bastante serio.
El uso ha de ser responsable, dándole la máxima vida posible a la ropa: intercambiarla, venderla, regalarla, cederla a tiendas de segunda mano o, simplemente, depositarla en un contenedor de reciclaje. Más allá de las compañías, entran en juego las prácticas de los consumidores. Dar prioridad al comercio local, recurrir a tiendas que alquilan ropa para ocasiones especiales o comprar prendas vintage y de segunda mano son un “sí” a la moda sostenible.
Bien es cierto que muchas personas siguen sin tener conciencia social sobre este asunto y no estarían dispuestas a pagar más por las prendas, aunque eso implique que la industria textil siga siendo igual de contaminante. Piensan que no siempre un incremento del precio se traduce en una mejor calidad, una mayor durabilidad o un impacto real, por lo que desconfían y no se suben a este carro. Pero, independientemente del momento compras, otros consejos ayudan a reducir el impacto en el planeta.
No lavar las prendas en exceso, o no más de lo necesario, manejar información sobre todo lo mencionado anteriormente, y no tirar la ropa a la primera de cambio hacen una aportación significativa. Igualmente, tener un armario cápsula, un concepto que surgió en el siglo pasado y que aboga por tener menos prendas pero de más calidad para combinarlas fácilmente cada día, es una buena opción al introducirse en la moda sostenible.
Menos a veces es más, y en ese menos, hay un trasfondo de procesos y elecciones que, si se toma conciencia sobre este tema, no puede dejar de estar presente. En definitiva, cumplir con las “3 R” del reciclaje: Reducir, Reutilizar y Reciclar, una asignatura pendiente todavía para muchas empresas y consumidores.
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