La cocina kosher, aquella aceptada por las leyes judías y derivada de la palabra en hebreo "Kashér", que significa "en forma" o "apropiado", ha ido ganando espacio en el mercado culinario mundial en los últimos tiempos.
Ahora, su expansión no solo responde a las exigencias de la comunidad judía, sino también al hecho de que otro tipo de consumidores, como vegetarianos, intolerantes a la lactosa o celíacos, por ejemplo, la han ido entendiendo cada vez más y mejor como una cocina saludable, limpia e innovadora, cuyo productos se consideran cuidados hasta su consumo final.
De acuerdo con Roger Horowitz, autor de libro 'Kosher USA', actualmente son más de un millón los ingredientes certificados como kosher por voces autorizadas en el tema y en correspondencia con las normas bíblicas e históricas de la alimentación del pueblo hebreo.
El propio Horowitz ha asegurado que entre un 30 y un 40% de los artículos de los supermercados tienen certificación kosher porque muchas organizaciones rabínicas ortodoxas han incorporado los requisitos kosher a la fabricación de alimentos.
De hecho, se plantea que muchos antiguos rabinos eran médicos e investigadores, por lo que la mayoría de sus prescripciones referentes a la comida y la religión estaban sustentadas en lo que era beneficioso para la salud, para que tu alimento fuera tu medicina.
Mientras, los especialistas prevén un incremento de la industria de alimentos kosher en los próximos años, vista la demanda creciente de estos alimentos.
"Kashrut" es la palabra hebrea que denomina al conjunto de leyes dietéticas judías, a tenor con las cuales los alimentos deben provenir de animales que no sean considerados impuros y que hayan sido sacrificados a través de los rituales en los que no sufran al morir y donde se garanticen las condiciones higiénicas, además de ser bendecidos por un rabino.
De esta manera, en Kashrut encontramos tres categorías de alimentos: lo kasher (lo permitido), lo parve (lo neutro) y lo taref (lo prohibido).
Estas normas establecen, por ejemplo, que los productos lácteos no se pueden mezclar con las carnes, ni se pueden usar los mismos platos para comerlos ni para cocinarlos, y deben consumirse con seis horas de diferencia.
Por ende, lo parve comprende aquello que no sea derivado de la leche o la carne, como son las legumbres, las frutas, los condimentos, los huevos sin manchas de sangre, el pan o el chocolate sin leche.
Además, los animales kosher terrestres deben rumiar y tener pezuñas completamente hendidas, como los ganados vacuno, ovino y caprino, por lo que prohíbe el consumo de cerdo, caballo, camello o conejo.
Por otro lado, los pescados deben tener aletas y escamas, entre los que están el atún, el salmón, la lubina, la trucha, o las sardinas. En tanto, lo kosher no incluye tiburón, pulpo, calamar, o mariscos.
Tampoco está permitido comer aquellas aves "impuras", o sea, las carnívoras; los insectos con ala o los animales que se arrastran.
Ahora, seguir este tipo de restricciones para "dominar su instinto", que es lo que distingue al hombre del resto de los seres vivos, no impide que los judíos ortodoxos disfruten de innumerables delicias culinarias que, como la mayoría de las religiones, tienen como centro de todo al pan.
Así, se pueden encontrar en la cocina kosher panes rústicos, de migas alveoladas, además de bollos o el clásico pan brioche trenzado (challah o jalá) del shabat judío, por solo citar algunos.
También son habituales los encurtidos o las carnes ahumadas con diferentes maderas y con la sal kosher, que es más pura y carente de aditivos.
Son ampliamente consumidas también aquí las semillas de sésamo, el brisket o el hígado, el pastrami de ternera o pollo, o las sopas, entre las que podemos mencionar los tradicionales caldos de pollo, de bolas de matzá (pan tradicional del Pésaj, hecho sin levadura) o de judías verdes.
Asimismo, aparecen las frituras de matzá o los blintzes, que no son más que crepas que pueden rellenarse de papa o queso, o la ensalda israelí, hecha con pepino, tomate y morrón verde y rojo, y aderezada con aceite de oliva, sal, jugo de limón y perejil.
Por otro lado, destaca una amplia variedad de jugos o postres que pueden incluir manzanas, peras, ciruelas, uvas pasas o dátiles, así como nueces, almendras, castañas o pistachos y vino dulce, miel, azúcar o canela.
Hoy, compartimos desde El Faro dos de las recetas judías más tradicionales, publicadas por la organización humanitaria American Jewish Joint Distribution Committee, con sede en Estados Unidos.
INGREDIENTES
ELABORACIÓN
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