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Vendedores y clientes notan el cierre de la frontera en los negocios del Rastro

Echan de menos la afluencia de personas y de mercancía que había cuando los pasos fronterizos estaban abiertos

Vendedores y clientes de los negocios del Rastro señalan el cierre de la frontera como uno de los principales motivos de la caída de las ventas y la falta de dinamización en el barrio.

Miguel Ángel (nombre ficticio) trabaja en una de las tiendas que se sitúan en la calle García Cabrelles y señala que el cierre de la frontera desde el inicio de la crisis sanitaria de la covid-19 ha provocado que baje la facturación más de un 70%.

En su opinión, esta una situación afecta a todos los negocios de la ciudad, al menos de forma indirecta.

Ya hace unas semanas, la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME-CEOE), indicaba en declaraciones a El Faro, que la gran mayoría de los negocios de Melilla habían notado la crisis económica acentuada por el cierre del paso fronterizo. Mucha mercancía procedía del país vecino y al final, tal y como explica Miguel Ángel, todo esto "es un ciclo que termina afectando a toda la economía melillense".

Saba, vendedora de una de las tiendas que hace esquina en la entrada del Rastro comentó este miércoles a El Faro que el cierre de la frontera se nota mucho porque una parte importante de la clientela procedía del país vecino. Ella desea que se abra la frontera, porque "falta movimiento" por las calles y en las tiendas.

Es una percepción que comparten también otros vendedores de la zona, pero también algunos clientes que suelen acudir a las tiendas del Rastro y al Mercado Central para hacer sus compras diarias.

El efecto de la frontera cerrada es algo que también se ha dejado notar en los días previos a fechas tan señaladas como Ramadán o el Aid el Kebir. En esas fechas, además de echar en falta a las familias por estar separadas entre un lado y otro de la frontera, se ha notado la falta de personas en las calles del barrio del Rastro y en las tiendas para hacerse con productos para hacer las comidas típicas de esas fiestas que solían ser muy multitudinarias en las casa, ya que se invitaba a toda la familia.

Otra de las cosas que notan mucho los clientes es la falta de pescado fresco, que antes procedía de Marruecos y ahora tiene que venir desde la península, rompiendo también un poco el principio del consumo de proximidad.

"Echo de menos algún tipo de pescado tanto aquí como en los centros comerciales donde hay pescados, falta algo de Marruecos, pero bueno, uno se acostumbra a todo", expresa Isabel, resignada, que añade que al final siempre encuentra lo que le falta en las tiendas locales de Melilla.

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