César Muro: "En la seguridad y en la defensa nacional, tanto Melilla como Ceuta tienen un papel preeminente"

Comandante general de Melilla entre los años 2008 y 2011, el teniente general retirado conversa con El Faro sobre su nueva novela 'Fronteros en la Reconquista'

César Muro Benayas, teniente general retirado y antiguo comandante general de Melilla, se ha desplazado hasta la ciudad autónoma para presentar su nuevo libro: 'Fronteros en la Reconquista'. Una obra enmarcada en la trilogía 'Fronteros' donde, en esta ocasión, se centra en los soldados que daban frente al enemigo y que participaron en la Guerra de Granada (1482-1492).

El teniente general Muro ha conversado con El Faro de Melilla en el Salón Moruno de la Comandancia General de Melilla acerca de su nueva obra literaria y sobre toda una vida dedicada a las Fuerzas Armadas.

-Le tenemos de nuevo en Melilla ¿A qué se debe su presencia en nuestra ciudad?

-Suelo venir a Melilla cada 3 o 4 años. Siempre traigo la excusa de presentar una de las novelas que he escrito y, esta vez, vengo para presentar mi quinto libro.

Para mí es un placer volver a esta tierra a la que tanto cariño tengo y que tan buenos recuerdos me dejó. Donde, además, tengo muchos amigos y conocidos.

-Ha escrito una trilogía que cuenta ya con una segunda entrega ‘Fronteros en la Reconquista’ un término el de fronteros algo desconocido para el gran público ¿Por qué escribir sobre los fronteros? ¿Quiénes son?

-La palabra frontero viene de los soldados que daban frente al enemigo. El frontero era el soldado de avanzada, por así decirlo, las tropas de frontera. Precisamente, de ahí viene la palabra frontera. O sea, el concepto frontero es anterior a frontera, que era donde se colocaban los fronteros.

La frontera, antiguamente, no era una línea como ahora, sino que era una zona amplia. Una tierra de nadie en la que se producían enfrentamientos de un lado y de otro. En la Reconquista esto era muy normal porque, conforme avanzaban los castellanos y los nazaríes se iban replegando, siempre había una tierra de nadie donde se querían meter los castellanos colonos y los nazaríes se lo impedían.

-Siempre llama la atención que un miembro de tan alto rango de nuestras Fuerzas Armadas se adentre en el terreno literario ¿Cómo decidió adentrarse en este mundo? ¿Siempre le llamó?

-Yo siempre he sido muy lector. Recuerdo como de joven, incluso antes de dormirme, estábamos en la tienda de campaña siempre con la linterna e intentaba leer alguna página o cuando íbamos en el coche.

Fue aquí en Melilla, cuando ya veía que iba a pasar la reserva más pronto que tarde, que empecé a pensar en mi futuro. ¿Qué va a hacer un hombre tan activo como yo cuando acabe? Hablando claro ¿Qué coño voy a hacer yo?.

Como era un gran lector me dije que por qué no escribir. Entonces, estando aún aquí en Melilla, me apunté a unos cursos a distancia de escritura, organizados por un taller que se llama Fuentetaja. Ahí aprendí mucho. De los tres años que estuve aquí como comandante general, pasé como un año y medio practicando la escritura y estudiando literatura. Todo ello lo hice pensando en un futuro.

Efectivamente, acabé haciendo mis pinitos y cada dos años, más o menos, he publicado una novela.

-Su última obra sucede al libro ‘Fronteros en América’ donde desmontaba esa narrativa que mostraba a la Conquista del Oeste por parte de los Estados Unidos como una gesta y la conquista española como un genocidio, la conocida Leyenda Negra ¿Sentía que debía poner su granito de arena para esta lucha?

- Efectivamente, esa novela es muy bonita porque narra como fuimos nosotros los españoles los que descubrimos el Oeste Americano, pero 100 años antes. Allá estaban los soldados de cuera, que eran los antecesores de lo que luego fue el famoso Quinto Regimiento de Caballería. Los conocidos como "dragones de cuera" llevaban sombrero cordobés, lanzas, pistolas y carabina.

Precisamente, en esa expansión española en el Virreinato de Nueva España, en lo que es actualmente México, chocamos con unas tribus muy guerreras, que eran los apaches y los comanches. La novela narra ese trato tan especial que tuvimos nosotros con apaches y comanches, que nada tiene que ver con lo que hicieron 100 años después los estadounidenses.

Yo siempre he ido a los escenarios de las novelas y allí pude comprobar como la historia de los españoles todavía perdura. Conocí a un sucesor del indio Gerónimo, el rebelde apache más famoso. La familia de este hombre hablaba español y me contaron como todos los apaches aprendieron de los españoles el oficio de herrero y herrador, a través de una especie de aula de formación profesional que hicieron los españoles. Lo tenían como un recuerdo tremendo.

-Su obra se centra en la Guerra de Granada, un episodio histórico que, junto a otros posteriores, no tienen la mejor fama en los últimos años ¿Siente que también hay una leyenda negra en este periodo concreto?

-Yo cuento la verdad. El Reino de Granada, que era el Reino Nazarí, estaba mucho más desarrollado y más a la vanguardia que los reinos de Castilla y Aragón, mucho más. Les daban mil vueltas en cultura, en avanzadilla, en agricultura; en todo.

El Reino Nazarí era tributario de Castilla. Esto es, que para que siguiesen existiendo, pagaban un tributo a Castilla. Ambos estuvieron conviviendo 300 años, mucho tiempo en que el Reino Nazarí no tenía problemas con Castilla. Sin embargo, rompieron el acuerdo y dejaron de pagar, enfrentándose a los castellanos, eso fue su perdición.

De esa guerra solamente nos acordamos de la entrada de los Reyes Católicos en Granada, pero hay mucho que contar. Es una historia muy bonita.

-Vamos a retroceder en el tiempo, aunque no tan atrás. Comandante general de Melilla durante 3 años ¿Cómo recuerda ese periodo de su vida?

-Fueron 3 años intensos aquí. Para cualquier general español, este destino es extraordinario. A Melilla la tengo como uno de los mejores destinos de mi vida.

Inicialmente yo no iba a venir aquí, pero al final se desvió la cosa, porque el comandante general que estaba se tuvo que ir al Congo y me trajeron aquí.

-Aunque han pasado ya 14 años de su partida, imaginamos que Melilla le ha dejado huella ...

-Absolutamente, sigo muy en contacto con todo. De hecho, estoy suscrito a los periódicos locales y estoy al tanto de lo que ocurre en Melilla. Ahora sé que la Unión Deportiva Melilla no va bien, que está en la zona peligrosa de la tabla.

Quien ha estado en Melilla teje unos lazos que siempre perduran. Ese famoso dicho de que a Melilla llegas llorando y te vas llorando, puedo confirmarlo.

-Posee una dilatada trayectoria en las Fuerzas Armadas, pues cabe destacar su etapa como jefe de la Guardia Real y de la UME ¿Cómo fue que decidió entrar en el mundo castrense?

-Yo soy toledano, entonces el sentido del soldado lo tengo muy metido. Además, mi padre era militar y un tío mío murió en Rusia, en la División Azul.

Ese sentimiento lo he heredado, por así decirlo, porque ya desde pequeño quise ser militar de Infantería, que era lo que yo veía cuando iba a Toledo.

La verdad es que estoy muy orgulloso de mi carrera y de mi vida, porque es muy intensa y, sin duda, muy divertida.

-¿Era realmente su única pasión? Porque tenemos entendido que el fútbol también estaba muy presente en su juventud ...

-También hice mis pinitos, pero esa oportunidad la truncó la carrera militar. Yo empecé a jugar en el Real Madrid Juvenil siendo menor de 18 años, por lo que necesitaba un consentimiento paterno. Lo que ocurrió fue que padre firmó, no sé si sabiéndolo o no, mi perpetuidad con el Real Madrid. Sin embargo, yo ingresé en la Academia Militar de Zaragoza y me fui de Madrid.

En la Academia había un equipo federado que jugaba en Aragón y querían que jugase con ellos, pero no podía porque tenía una ficha en el Real Madrid y tenía que romperla. En unas vacaciones me presenté de cadete militar en las oficinas del Real Madrid, donde les dije que quería jugar con mis compañeros, pero no me dieron lo que entonces se llamaba la carta de libertad.

No fue hasta que tuve 23 años y estaba destinado en el Sáhara como teniente que fui a exigir mi libertad. Me tenían como retenido para asegurar la cantera, pues tenían esa norma.

Desde que entré como militar truncaron totalmente cualquier posibilidad de seguir jugando.

-Movámonos a un plano geopolítico. La Unión Europea se halla en un momento de aumentar su seguridad ¿Qué papel cree que debe jugar Melilla en este contexto?

-En la seguridad nacional y en la defensa nacional, tanto Melilla como Ceuta tienen un papel preeminente. Obviamente siempre es una preocupación para los españoles y para los militares en especial.

Todos sabemos que estamos metidos dentro del marco de la defensa colectiva de la Unión Europea, pero no así en el de la OTAN. Esa es una polémica que no hemos terminado de resolver y, de alguna manera los españoles queremos que así conste de una forma explícita.

Cuando entramos en la OTAN teníamos que haberlo exigido, al igual que otros países lo hicieron. Porque hay países europeos con territorio fuera de lo que es la zona del Tratado del Atlántico Norte, pero esas posesiones están incluidas dentro del marco de defensa colectiva. Es un lapsus político que de alguna manera hay que resolver.

-Lleva una década en la Reserva ¿Cómo lleva esta nueva vida?

-Más bien retirado. Primero pasé un periodo de dos años en la reserva en el que todavía estaba vinculado a las Fuerzas Armadas y podía tener un destino de cualquier índole. Después de este periodo ya me retiré. Yo estoy jubilado, fuera de la estructura y de las leyes militares.

Cuando acabé el servicio activo estaba cansado. Había sido una vida de mucha exigencia y mucha responsabilidad. La UME es una unidad muy bonita, pero muy difícil y yo ya quería acabar. Obviamente ser el ser dueño de mi tiempo era una añoranza, porque los militares, igual que cualquiera, nunca hemos sido dueños de nuestro tiempo.

Ahora soy el dueño de mi vida y de mi tiempo. Puedo sentarme en una terraza y tomar un café por la mañana, viendo a todo el mundo estresado. A veces pienso que se ha parado el mundo.

Estoy jubilado y feliz, ahora me dedico a viajar, a escribir novelas o a dar conferencias. Hago lo que quiero y no tengo ninguna responsabilidad. He renunciado a todo cargo o a cualquier cosa que me pudieran ofrecer. Ahora a vivir, que es lo que toca. 

-Se ha propuesto una trilogía. Ha escrito el primero y presenta el segundo ¿Sabemos algo del próximo libro?

-La tercera está en el horno, estoy trabajando en ella. Tratará un episodio muy curioso de una fuerza española que, al mando del general Marqués de la Romana, fue con las tropas de Napoleón a combatir Dinamarca antes Levantamiento del 2 de mayo.

Imagínense a una unidad española que va lo que actualmente es Letonia y Lituania para hacer frente a Rusia como aliadas de las tropas de Napoleón y en contra de los ingleses, pero de repente todo cambia y pasan a ser prisioneros de sus aliados.

Es como si una unidad actual pasase a ser aliada de Rusia y enemiga de la OTAN. Es una historia muy curiosa porque ves cómo va evolucionando la vida de todos estos hombres. Unos van dentro del ejército napoleónico, otros desertan y otros escapan. Los militares no estamos acostumbrados a esa situación. Estos hombres fueron allí felices y contentos, como vamos actualmente a cualquier otra misión, pero al llegar allí fue el caos.

-¿Volveremos a verle pronto de vuelta en nuestra ciudad presentando su próximo libro?

-Efectivamente, así lo haré. Espero poder publicarla el año que viene y venir a Melilla al año siguiente. Siempre espero dos o tres años con una buena excusa para volver a Melilla.

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