Ceres Machado, tras su entrada a la Academia de Cine: "Espero que esto sirva para que los melillenses estén en el mapa"

La cineasta local destaca el rol de la institución más allá de los Goya: "Es un espacio para abordar las dificultades del sector"

Ceres Machado lleva el nombre de Melilla por bandera, ahora también en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, siendo la primera melillense en formar parte de esta institución.

Con motivo de este gran logro, El Faro de Melilla ha hablado con ella para que cuente el significado de este paso más en su importante carrera en el mundo del séptimo arte.

Ceres, enhorabuena por tu entrada en la Academia de Cine. ¿Qué supone este momento? ¿Podría definirse como un punto de inflexión en tu carrera?

— Para mí no sé si es tanto un punto de inflexión como un resultado. Es el fruto de muchos años de trabajo y constancia. Claro que, a título personal, esto representa un cambio porque formaré parte de los círculos de académicos y académicas del país donde muestran sus preocupaciones. No es solo un lugar de encuentro para ver películas o de votar para los Goya, que es como se ve desde fuera; también es un lugar de encuentro donde se habla de las dificultades que tenemos los profesionales que nos dedicamos al cine, y de cómo encauzar eso de cara a la gente que legisla o que regula las subvenciones al cine.

¿Como cineasta, cuál dirías que es tu principal preocupación en este momento?

— Tengo varias. Por un lado, al ser la única académica de cine de Melilla, me gustaría que se comprendiera cómo funciona nuestro territorio dentro del ámbito nacional, con las dificultades que tenemos. Solo estoy yo, como académica, pero espero que seamos más académicos y académicas en la ciudad, y que la gente lo use también como apoyo y referencia. Que la gente que quiera dedicarse al cine pueda coger ese camino. Melilla tiene unas particularidades como Ceuta, y no nombro a las islas, que también están fuera de la península, pero están mejor reguladas y planificadas, y la gente ha conseguido encontrar su hueco en la industria, pero la gente de Melilla todavía no. Entonces espero que esto sirva también para que los melillenses tengan un lugar y esté en el mapa de la academia. Por otro lado, está la lucha feminista que es mi principal motor dentro del activismo. Lo que quiero es seguir trabajando para que las mujeres tengamos un lugar dentro de la industria que no hemos tenido durante todos estos años, en todas las parcelas. En dirección y guión estamos entrando fuerte, pero hay muchos otros puestos directivos que no lo están teniendo nada fácil.

¿Crees que iniciativas como la Melilla Film Commission pueden ayudar a posicionar la ciudad como lugar de cine?

— Sin duda es fundamental que formemos parte de la Film Comission, pero no sé en qué punto se encuentra ni cuál es la estrategia que se quiere llevar. Yo espero poder reunirme con la administración por si puedo echar un cable y tender mi mano. Melilla tiene varios problemas que soluciones antes de que sea una ciudad de cine. No tenemos industria, ni casas de renting, ni profesionales técnicos especializados. Eso significa que si vienen a rodar a la ciudad, tienen que traérselo todo de fuera. No hay un lugar donde tú puedas alquilar cámaras, focos, o grúas. Hasta que aquí no haya un volumen importante de rodaje, nadie va a hacer esa inversión. Las islas, por otro lado, están totalmente preparadas para que lleguen los rodajes y tener profesionales que Melilla tampoco los tiene. Y luego tenemos esa aduana dichosa, que es una dificultad, eso lo tenemos que asumir. Sí es cierto que se está trabajando para que los billetes de transporte para equipos de rodaje tengan descuentos, lo cual sería fundamental, pero aún falta montar todo el tejido industrial.

Volviendo a la Academia de Cine y en cuanto a la representación femenina, ¿crees que hay un compromiso real dentro de la institución?

— La Academia de Cine está muy preocupada con este tema. De hecho, está dando todas las facilidades posibles. Por ejemplo, las mujeres de nuevo ingreso, como yo, tienen el primer año gratuito. Están intentando favorecer y poner ayudas o alicientes para que las mujeres nos hagamos académicas. Ten en cuenta que ser académico o académica requiere reunir una serie de requisitos. Si no unes estos, no puedes ser académica. Sin embargo, esto no significa que tú, reuniendo las condiciones, quieras formar parte de la academia. Hay que analizar también esas facilidades que está dando la academia para que las mujeres estemos. A mí me gustaría saber cuántas mujeres quieren o no quieren ser académicas. Es una cuestión de si las mujeres queremos formar parte, o no, si nos sentimos representadas, o no, en los lugares institucionalizados y regulados, y no me refiero a la Academia en sí, quiero dejar esto claro. Si las mujeres no estamos donde siempre han estado los espacios ocupados por hombres, es porque a lo mejor todavía no nos sentimos cómodas en esos espacios, o estos se están adaptando de una manera más política o más visible, pero las estructuras aún no están formadas por mujeres. E insisto en que no me estoy refiriendo a la Academia, sino que es una reflexión general. No sé cuántas mujeres podrían ser académicas y no lo pueden ser. Entonces, sí que veo que la academia tiene una preocupación real. Es cierto que las áreas cercanas al arte y a la cultura suelen ser pioneras y suelen estar en la vanguardia en estas cuestiones. Las causas sociales, normalmente, en la cultura y en el arte las llevamos por bandera. Entonces en la academia sí que veo que hay una preocupación real.

¿Y cuáles son esos requisitos para entrar en la Academia?

— Depende del puesto de trabajo. No se pide lo mismo si quieres entrar como directora de arte, como guionista, productora o directora. En mi caso, como directora, necesitas un largometraje homologado, calificado, un código ISAM y que se haya exhibido, no sé cuánto tiempo, en salas de cine. No basta con hacer una película con tus amigos... Hay una fase que es muy complicada: la distribución. En esta, mueren muchas películas, no llegan a finalizarse o ni siquiera a homologarse.

Acabas de recibir tu segunda Biznaga de Plata en el Festival de Málaga por 'Reflejos en una habitación', ¿cómo lo viviste?

— Fue una pasada. El año pasado gané mi primera Biznaga con 'No me dejes así', que actualmente tiene cinco millones de visualizaciones en Youtube, y fue un sueño. Me formé en Málaga, arranco mi carrera en Málaga, mi película la filmo en Málaga también y, cuando era estudiante, iba al festival a intentar colarme en las fiestas, pensando que aparecería un productor con una varita mágica y te daría una película (ríe). Me parecía tan imposible y tan lejano conseguir una Biznaga... Era como que eso lo conseguía la gente grande, la gente importante, la gente adulta. Entonces recordé todo ese paso por la universidad y los años que vinieron después, intentando hacerme un hueco en el cine. Sentí que esa biznaga me afirmaba que estaba en el camino, que a pesar de todo el agotamiento que llevo,  era como un pequeño aliciente, una pequeña bombillita que te daba luz y te decía, "sigue por aquí". Entonces, con la segunda Biznaga, que además era por el largometraje, lo valoro especialmente porque es un premio del público. Me considero una directora comercial que piensa en el público al 100%, y recibir ese respaldo es muy emocionante. A veces te planteas si esto merece la pena o no, y es que el otro día salía Eduardo Casanova haciendo una reflexión sobre la salud mental en los directores de cine, y todas las personas que somos directores y directoras de cine entendíamos a lo que se refería.. Hace que te plantees si merece la pena o no, porque al final mi vida va a ser igual de larga que la vida de cualquier otro profesional, de cualquier otra persona. ¿Por qué? Porque la vida es muy lenta. Yo este año ya dirijo mi segunda película después de tres años levantándola. Hace un año estaba menos posicionada o tenía menos colegas de la industria que me conocían, pero este año la repercusión de la Biznaga ha sido tremenda, y eso significa que la parte humana es la fundamental, la más importante para mí: la de la gente te apoya y te quiere. En este mundo a veces despiertas cariño e interés, y otras veces no, incluso te puedes encontrar a personas que cuestionen cualquier cosa que hagas... Incluso tus propios principios te los pueden cuestionar. Entonces es muy difícil que todo eso lo dejes a un lado. Y esta Biznaga me ha supuesto, de verdad, una ola de cariño inmenso que me ha dado muchísima vida.

Has mencionado que te importa mucho el público... ¿Cuál es el secreto para conectar con él?

— No tengo la clave, pero sé que mis películas me tienen que gustar a mí, tengo que ser honesta. Esto me pasa con una película, con un corto, con una obra de teatro, también me pasa con un guión. Trato temas que me afectan directamente y que también tocan a los demás. Pero también sé que hay veces que algo me apasiona, pero creo que solo me va a importar a mí. Entonces sí que tengo una separación y el ego controlado, pero lo tengo, porque sin ego no puedes ser artista. Pero sí, creo que me distancio de lo que solo me interesa a mí, y al final trato temas universales, los que están en el candelero. De hecho, el hablar de mujeres a partir de los 50 años, de su sexualidad, de las exigencias de la belleza y de la estética es posterior a la película de ‘Reflejos en una habitación’. Pero sí, esté más o menos de moda, siempre va a haber alguien que se va a sentir reflejada, y esa gente sí que va a apoyar tu película. Yo creo que conecto con el público porque hablo de problemas que me afectan de verdad y que los tengo muy cercanos. Por ejemplo, yo no hablo, por ejemplo, de la mujer en Irak, aunque me encantaría, pero me quedaría en la superficie..

Es evidente que vivimos en otro contexto... Supongo que para ti es importante que haya una gran diversidad entre las propias mujeres cineastas...

— Sí, yo creo que en algún momento tendremos que dar el paso. Por ejemplo, Pablo Barce, un compañero mío que estuvo conmigo en la carrera y estuvo nominado en los Goya habla mucho sobre temas de inmigración. Esto significa que tenemos que hablar de cuestiones que a lo mejor no son tan cercanas, pero que necesitan y requieren una visibilidad. El problema es que ahora mismo tenemos una situación muy encapotada políticamente, no a nivel de España, sino a nivel mundial, donde tenemos unas políticas que son muy tradicionalistas, que incluso ponen en riesgo muchos de los derechos adquiridos, y eso hace que la gente esté triste y preocupada. Pero también, a la hora de elegir una película, tienes que ser consciente de que hay cosas que al espectador no le apetece ver porque no pueden más. Entonces yo trato de dar luz, aunque suelo trabajar el drama en el cine. Lo que quiero es que, aunque te ponga encima de la mesa una historia que sea dura o que sea compleja, esta acabe en positivo.

Investigando un poco, he visto que hay algún paso más para 'Reflejos en una habitación' ¿Se puede adelantar algo?

— Todavía estamos en negociaciones con la distribuidora, así que no tengo información definitiva.  Ya me gustaría, pero puede que en dos, tres semanas o un mes se sepa algo. Lo habitual es que una distribuidora mueva la película entre plataformas, luego a televisión y después al extranjero. Es un proceso más largo de lo que parece.

También estás preparando tu segundo largometraje. ¿Qué nos puedes contar?

— Se llama 'Si las paredes hablasen', y está protagonizada por Fernando Tejero y producida por Antonia Navas. Aún no hay fecha de rodaje confirmada, pero se baraja septiembre. Es una película que se grabará entre Cataluña e Italia, por lo que es un desafío al hablarse en tres idiomas: catalán, castellano e italiano, junto a un equipo con dos nacionalidades. El Instituto de la Cinematografía Catalana, el ICC, nos ha apoyado la película, por lo cual tengo casi todo el equipo de allí, y luego tengo una parte del equipo que es italiano. Además, se está hablando de que también se sume Suecia, pero aún no es seguro.

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