Carmen Ruano convierte hilo y memoria en un viaje artístico por las mujeres de la historia

Rostros femeninos sobre bolsas de té, hilos que unen tiempos y culturas y una instalación que se mueve como un relato abierto

Rostros que miran desde el papel, hilos que los unen y un conjunto que se mueve suavemente en el espacio. Así se presenta en Melilla la obra de Carmen Ruano, una instalación construida a partir de fotografías de mujeres transferidas sobre bolsas de té de papel, cosidas entre sí como una gran cortina suspendida. La pieza forma parte de la exposición colectiva del proyecto Els viatges dels Baleàrics, impulsado por la Fundación Balearia, y propone un recorrido íntimo y simbólico por la memoria de las mujeres que, aunque presentes, durante siglos han permanecido invisibilizadas.

La obra se despliega como un conjunto ligero y móvil, que permite al espectador recorrerla con la mirada desde distintos ángulos. Los rostros aparecen en primer plano, algunos en blanco y negro, otros en color, sin jerarquías ni orden cronológico aparente. La instalación no busca una lectura cerrada, sino provocar una experiencia: atravesar ese “viaje” que conecta tiempos, culturas y disciplinas, y que remite a la presencia constante de las mujeres en la historia, aunque durante siglos haya sido silenciada.

Detrás de esta propuesta se encuentra una trayectoria vital y creativa marcada por la intuición, la reflexión y la necesidad de dar forma material a un discurso profundamente ligado a lo femenino. Nacida en 1955, Carmen Ruano ha desarrollado su vida profesional lejos del circuito artístico. Durante décadas se dedicó a la sexología, una labor que define como intensamente intelectual y que convivió siempre con una pulsión creativa paralela. El arte, explica, fue durante mucho tiempo una necesidad personal, terapéutica, una forma de equilibrar pensamiento y expresividad.

Sin formación académica en Bellas Artes, su aprendizaje ha sido autodidacta y experimental. Ruano ha construido su lenguaje a partir del contacto directo con los materiales, explorando sus posibilidades sin un método rígido ni un objetivo predeterminado. Telas, hilos, objetos reutilizados y elementos recogidos del entorno forman parte habitual de su proceso creativo, en el que lo manual ocupa un lugar central.

Desde sus primeras exposiciones, hace ya más de una década, la mujer ha sido el eje vertebrador de su trabajo. No como concepto abstracto, sino como sujeto histórico concreto. Mujeres del arte, de la ciencia, de la política, de la cultura o del activismo social, procedentes de distintas épocas y contextos, que han contribuido de forma decisiva al avance del conocimiento y de la sociedad. Esa diversidad es una de las claves de su obra: la desigualdad, reflexiona, no pertenece a un solo lugar ni a un solo tiempo, sino que es un fenómeno universal.

La instalación que se presenta en Melilla responde a esa mirada amplia. Antes de comenzar a trabajar, la artista realiza una búsqueda minuciosa, principalmente a través de fuentes documentales e internet, recopilando imágenes y referencias de mujeres que han quedado fuera del relato oficial. No se trata de elaborar un archivo exhaustivo ni de explicar cada biografía, sino de lanzar un mensaje: "las mujeres siempre hemos estado ahí, en todos los ámbitos y en todas las culturas".

El soporte elegido para esta obra no es casual. Las bolsas de té, una vez utilizadas, limpiadas y tratadas, se convierten en pequeñas superficies capaces de acoger imágenes mediante la técnica del tránsfer. El proceso es laborioso y requiere paciencia: aplicar el producto, fijar la imagen, dejar secar y retirar cuidadosamente el papel hasta que la tinta queda integrada en la tela. Después, las piezas se cosen entre sí mediante hilos que funcionan como líneas de unión, casi como caminos que conectan unas historias con otras. Para Ruano, representa el trayecto recorrido, la transmisión de referentes y la continuidad de una memoria colectiva femenina. La disposición en forma de cortina refuerza la idea de viaje, de tránsito, y permite que la obra se mueva, respire y cambie según el espacio en el que se instala.

Las imágenes aparecen tanto en blanco y negro como en color, una elección que responde a la procedencia de las fotografías y, sobre todo, a una decisión intuitiva. Algunas mujeres solo existen en archivos antiguos; en otros casos, es la fuerza expresiva de una imagen la que determina su uso. La artista reconoce que muchas de estas decisiones no responden a un razonamiento previo, sino a una conexión directa con la imagen.

Este proyecto se inscribe dentro de una trayectoria más amplia en la que Ruano ha trabajado de forma constante con materiales textiles y reciclados. A lo largo de los años ha incorporado a sus obras elementos procedentes de la naturaleza y del entorno cotidiano: algas recogidas en la playa, raíces, piedras, restos vegetales o fragmentos de tela que encuentra y guarda hasta que surge la idea adecuada. Estos materiales se integran en composiciones cercanas al collage, con un marcado carácter figurativo, en las que la costura y el ensamblaje sustituyen al trazo tradicional.

En algunas de estas piezas, la artista ha rendido homenaje a figuras femeninas del arte, como en un tapiz dedicado a la pintora Juana Francés donde, a través del arte textil, construye un retrato que remite a la memoria y a la recuperación de referentes históricas. Junto a su trabajo individual, Ruano ha participado en numerosos proyectos colectivos, experiencias que considera fundamentales por los retos creativos que plantean. En ese camino se sitúa también su participación en iniciativas vinculadas a la Fundación Vicente Ferrer, a partir de un viaje a Anantapur, en la India, una vivencia que ha abierto nuevas líneas de reflexión y que ahora comienza a traducirse en obras en proceso.

Ruano subraya que no vive del arte ni trabaja bajo la presión de la producción o del mercado. Esa libertad le permite crear sin urgencias, respetando los tiempos de la inspiración y aceptando también los periodos de silencio creativo. “No tengo la obligación de producir”, explica, y esa ausencia de presión se traduce en un trabajo honesto, vinculado a la experiencia personal y al deseo de explorar.

La instalación que Carmen Ruano presenta en Melilla se concibe como una invitación a detener la mirada y reconocer a mujeres de distintas culturas, disciplinas y épocas históricas que comparten un mismo espacio simbólico, recordando que la desigualdad ha sido universal, pero también lo ha sido la capacidad femenina para resistir y crear. A través de hilos, imágenes y materiales cotidianos transformados en arte, la artista construye un viaje silencioso de memoria compartida que conecta pasado y presente y que puede visitarse hasta el próximo 28 de febrero en el Real Club Marítimo de la ciudad.

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