Carlos Baeza presenta en Málaga 'La Ciudad de las Cúpulas', un viaje íntimo y visual de una ciudad ideal

Su obra invita a recorrer, desde el arte y la emoción, su personal visión de Melilla como ciudad ideal y paisajes de la memoria

El artista melillense Carlos Baeza presentará su obra La Ciudad de las Cúpulas el próximo 2 de diciembre a las 19:30 horas en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, en una velada conducida por el escritor Sergio Barce Gallardo, también vinculado a la memoria urbana y afectiva del norte de Marruecos. Será una conferencia-proyección que invita al público a emprender un viaje emocional por la obra del autor, un recorrido íntimo por el paisaje simbólico de una ciudad que no existe en los mapas, pero que vive con fuerza en su imaginario.

La Ciudad de las Cúpulas no aparece en los mapas, ni tiene límites definidos. Es una ciudad metafórica, construida con trazos de lápiz y memoria, y habitada por recuerdos, emociones y elementos simbólicos. Surge de una vivencia personal que se remonta a los años 80, cuando Baeza estudiaba Bellas Artes en Madrid y compartía pensión con otro joven melillense que cursaba Periodismo. Ambos, lejos de su tierra, evocaban Melilla desde la nostalgia de la distancia, nombrándola “la ciudad de las cúpulas y las mezquitas”. Aquella frase, sencilla y espontánea, terminó por convertirse en la semilla de su obra plástica, que ha ido creciendo y madurando hasta constituirse como eje de su universo creativo y diálogos intimistas.

Lo que el artista mostrará en Málaga no es simplemente una obra visual, sino un relato emocional. Aunque sus obras pictóricas permitan una identificación realista de las figuras y elementos representados en el cuadro, su concepto creativo expresa una metáfora emocional. Una representación simbólica. “No es una ciudad física. Es una ciudad emocional”, afirma Baeza. La Ciudad de las Cúpulas no representa únicamente la Melilla física, sino la Melilla que vive en su interior, creada a partir de fragmentos reales —su arquitectura modernista, sus paisajes, sus frutas, sus objetos cotidianos— reinterpretados desde el recuerdo, la contemplación, la intimidad y el paso del tiempo.

Esta ciudad, ideal y simbólica, no busca recrear el pasado ni reivindicarlo como un tiempo mejor. No es un ejercicio de nostalgia y de tristeza, sino de emoción y transmisión. Baeza explica que su mirada no pretende volver atrás, sino dialogar con lo que fue; con lo que permanece dentro del artista. Es una forma de hacer visible lo invisible, de intervenir la realidad con sentimiento. De convertir estructuras, calles, mares, fortificaciones, sombras y calimas en piezas de un imaginario íntimo, elaborado durante años con paciencia y muchas horas de dedicación.

La técnica de Baeza —ejecutada con lápiz de grafito, tonos ocres y una paleta simbólica de color— da lugar a un realismo que no se alinea con el hiperrealismo tradicional. “No me gusta usar esa palabra”, aclara, “porque mis obras no buscan una fidelidad fría a lo visible, sino transmitir algo más profundo”. El artista, aunque no cree en etiquetas cerradas, habla de realismo expresivo, humano, cercano, que conecta desde lo reconocible pero también deja espacio a la emoción, al recuerdo, a la sugestión e interpretación de lo definido y lo indefinido. En sus composiciones, el uso del claroscuro, las texturas, los márgenes borrosos y la luz filtrada de la calima se convierten en recursos para hablar del tiempo, de lo efímero, de lo que ya no está, del sentimiento de un artista detrás de un elemento cotidiano, de una infraestructura concreta, de un mar en calma; de sus recuerdos y significados íntimos.

Muchas de sus obras tienen ese carácter de fotografía antigua, no solo por su estética, sino por lo que despiertan. “Como cuando ves una foto de tu abuelo y algo se te remueve por dentro”, sostiene. El resultado es una obra evocadora, intimista, cálida, que no representa una ciudad concreta, sino su ciudad interior. Sus obras, aunque detalladas y minuciosas, no están totalmente cerradas. Dejan huecos, zonas difusas, márgenes desdibujados. Y es ahí, en lo inacabado, donde se cuela el sentimiento, la memoria, la emoción. Un lugar donde conviven los paisajes industriales, la arquitectura modernista, las frutas como los higos chumbos, las callejuelas, las teteras, los muros desgastados, los atardeceres del norte de África.

Esa mirada no es nostálgica en el sentido triste, melancólico o regresivo del término. Al contrario, Baeza subraya que no se trata de idealizar el pasado ni de defender que cualquier tiempo pasado fue mejor. Su propuesta no es regresar, sino dialogar con la memoria; compartirla con otros desde su imaginario personal y evocador. Por eso insiste en que La Ciudad de las Cúpulas no es solo Melilla. Es también una metáfora universal de cualquier ciudad que uno guarda en su interior. “Todos tenemos una ciudad así dentro”, afirma.

En esta ocasión, el público no verá las obras colgadas en sala. La presentación se hará a través de una proyección audiovisual, cuidadosamente editada por el propio artista. Un relato visual con lógica narrativa, que permite entender el conjunto como un libro de imágenes, donde cada pieza es un capítulo de esa ciudad imaginada. “No puedes quedarte con una sola obra. Hay que recorrer el viaje entero, como se lee una novela, para comprender lo que quiero transmitir”, explica.

Baeza no llega solo a esta cita. Lo acompañará el escritor y abogado Sergio Barce Gallardo, nacido en Larache, Marruecos, y profundamente vinculado también a Melilla. Barce ha abordado en sus novelas la idea de una ciudad ideal recordada desde la infancia. Entre ambos existe una conexión emocional: uno escribe y el otro dibuja, pero los dos crean desde un sentimiento común. Desde la necesidad de reconstruir en palabras o imágenes ese espacio emocional al que pertenecen.

La conexión entre Baeza y el espacio cultural de El Corte Inglés de Málaga también tiene un origen casi poético. El artista cuenta que conoció a Isabel, la gerente cultural del espacio, de manera totalmente casual, “una confabulación astral”, como él mismo la llama. Fue ella quien, al conocer su obra, le ofreció este espacio para mostrar su trabajo al público malagueño. Una oportunidad que Baeza ha recibido con ilusión, como una forma de ampliar el alcance de su obra, pero también de llevar parte de Melilla a otra ciudad.

Y es que La Ciudad de las Cúpulas también tiene un propósito claro: difundir el patrimonio cultural, emocional y simbólico de Melilla. A través del arte, Baeza pone en valor la riqueza arquitectónica, histórica, humana y paisajística de su ciudad. No como una postal, sino como una vivencia personal. Como un relato visual que combina la estética con el pensamiento, lo íntimo con lo colectivo, lo local con lo universal.

En definitiva, lo que Carlos Baeza compartirá en Málaga es una manera de mirar. Una forma de intervenir sentimentalmente en los elementos que nos ofrece la realidad: las estructuras, los paisajes, los objetos, los frutos, los gestos cotidianos. Todo aquello que construye nuestra vida —la de hoy y la de ayer— y que, a través del arte, se convierte en algo trascendente. Porque La Ciudad de las Cúpulas no es solo una obra sobre Melilla. Es un espejo emocional, una invitación a detenernos, a contemplar el imaginario íntimo de una ciudad ideal. Una ciudad estéticamente realista, que permite identificar lugares y elementos, pero que aporta la conceptualización invisible del entorno que Carlos Baeza lleva años dibujando con su lápiz, desde los recovecos de su construcción sentimental y trascendental, como un álbum narrativo visual que acompaña su intimidad y percepción.

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