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Bocanegra: “Tenemos en Melilla un urbanismo propio de los 80”

El presidente de Melilla ConBici señala que se han perdido numerosas oportunidades para hacer una planificación más sostenible l Apuntó a la falta de un plan de podas en la ciudad

Pasadas las 12:00 horas, aunque haga viento de levante, el sol empieza a apretar y son pocos los viandantes que caminan por la carretera de la Alcazaba. Uno de ellos es Mehdi, quien cree que la sombra es necesaria, pero que últimamente se están edificando numerosas plazas sin tener en cuenta el arbolado. “Han arreglado la zona del antiguo Mercado de la Victoria, pero árboles no han puesto ninguno; se nota sobre todo en verano con el calor que hace”, señaló. Intenta salir a caminar por la sombra, pero “como podéis comprobar, aquí no hay mucha”.

Claudia ha salido a pasear con su perra. Van en dirección a la playa y agradecería bastante la sombra, aseguró. José también sale a pasear con gorra y gafas de sol, señalando que no hay sombra en el paseo marítimo que va hacia Horcas, aunque cree que es difícil poner sombra en la zona “porque no hay sitio y el tiempo de levante quema las palmeras”.

Javier Bocanegra, presidente de Melilla ConBici, lo tiene claro: "Tenemos un urbanismo propio de los 80". La zona de la Alcazaba la conoce bien; sus padres viven allí y conoció el parque que terminaron hace unos meses cuando era una zona de tierra. “Las ciudades se han convertido en un problema que estamos sufriendo llamado ‘islas de calor urbanas’” y explicó que estructuras como las que hay en dicho parque captan el calor durante todo el día y pueden llegar incluso a aumentar la temperatura, expuso.

Cree que en cada obra en la que se acaba imponiendo las losas, el hormigón o el metal, son oportunidades desaprovechadas para poner algún tipo de arboleda con todos los beneficios que esta puede traer, como la reducción de las emisiones de efecto invernadero, apoyo a la biodiversidad, atrapar el agua cuando llueve al haber una base de tierra, etc. “El día que haya grandes lluvias, que el cambio climático va en esa dirección, esta zona se convertirá en un torrente”, apuntó.

Señaló que si no se actúa para reducir las emisiones de efecto invernadero, tal y como se explica en el Plan Estratégico de Melilla, las olas de calor pasarán a durar de 15 días a un mes entero en el 2050, debido al aumento de las temperaturas. Expuso que esta no es una demanda que surge solo de las asociaciones relacionadas con el medio ambiente, sino que en numerosas ciudades europeas, incluso fuera, ya se están tomando medidas al respecto. Puso el ejemplo de Medellín, donde se hizo una apuesta creando 30 corredores naturales teniendo como consecuencia la reducción de dos grados en la temperatura de la ciudad.

Añadió que los grupos vulnerables, personas mayores y los más pequeños, se verían afectados por este aumento de las temperaturas. Por ello piensa que en Melilla debería empezar a analizarse el potencial que tiene la masa verde en el casco urbano haciendo un censo de la masa forestal existente. Esta masa es un sumidero de los gases de efecto invernadero.

“Estaría bien saber si la Consejería de Medio Ambiente tiene algunos datos o si tiene interés en censar qué tipo de espacios verdes tenemos y cuáles necesitamos para evitar eso que está por venir y que ya estamos sufriendo hoy en día”. Cree que si se sigue sellando el suelo de la forma en la que se está ejecutando ahora, poco se podrá hacer en el futuro contra los efectos de esta política urbanística.

Las podas

En este sentido, hizo referencia a las podas de los árboles que se hacen en la ciudad, las cuales calificó de “salvajes” y es por ello que se ha manifestado en dos ocasiones en contra de la manera en la que se hacen. Subrayó que hay ciudades que tienen un plan especial para las podas para respetar los momentos de crías de las aves y el crecimiento del árbol; aseguró que en Melilla no se sigue ningún tipo de plan que busque el perjuicio mínimo al ambiente a la hora de podar.

Sobre el paseo marítimo de Horcas, insistió en que este ha sido remodelado recientemente y se han colocado simplemente unas palmeras que no dan ningún tipo de sombra. “Totalmente inútiles desde el punto de vista del cambio climático; que sí, que parecer ser que cuando diseñan los arquitectos y los aparejadores los planos quedan muy bien las palmeras, pero no es práctico”, dijo. Se pregunta si seremos capaces de resistir los efectos del cambio climático.

 

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