Dos inspectores de la Dirección General de Consumo llevan un par de semanas recorriendo las tiendas de los barrios, la periferia y el centro de Melilla en busca de carne de caballo en alimentos etiquetados como vacuno. Así lo confirmó ayer a El Faro María Dolores Angosto, responsable de los programas formativos de Consumo.
Las muestras que están recogiendo los técnicos en los establecimientos de la ciudad son remitidas al Instituto Nacional de Consumo de Madrid, que en el plazo de 20 días o un mes darán los resultados o en menos tiempo “si se detecta algo grave”.
En principio desde la Dirección General de Consumo de Melilla han avanzado a El Faro que no creen que haya ningún problema con alimentos etiquetados como carne de vacuno que lleven carne de caballo.
En todo caso, aclaran, la retirada del mercado, por ejemplo, de los raviolis de Buitoni se hace “por precaución”.
En Melilla, de momento, los únicos dos inspectores que hay en Consumo se están dedicando en exclusiva a recoger “muestras rutinarias” de alimentos que llevan carne de vacuno para cumplir con las exigencias de los laboratorios de Madrid.
Desde que en febrero pasado se destapó el escándalo de la carne de caballo en alimentos etiquetados como vacuno, el Ministerio de Agricultura ha detectado trazas de ADN equino en las albóndigas que comercializa Ikea, en las hamburguesas de Eroski y Alipende, en raviolis y tortelinis de Buitoni, en los canelones de La Cocinera, en las lasañas de Findus y en kebabs y embutidos consumidos en Austria.
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