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‘Autocuidado’, el término que está de moda y que pocos saben llevar a la práctica

El Manual de Autocuidado de Fundasil en apoyo de Iniciativa Spotlight recoge cinco tipos de autocuidado

El autocuidado es ese concepto moderno que no para de aparecer en búsquedas de Instagram, libros de autoayuda y en las conversaciones de adolescentes. Sin embargo, este término tiene la mala costumbre de ser malinterpretado; se entiende que el autocuidado es, como su propio nombre indica, situar en el centro el bienestar de uno mismo.

¿Y cómo es posible que, una palabra que abarca tanto, se haya minimizado a seguir rutinas de ‘skincare’ antes de dormir? Para los que no lo sepan, sí, el cuidado de la piel puede entrar en el significado de autocuidado, pero no solo. 

En el Manual de Autocuidado de Fundasil El Salvador, en apoyo de la Iniciativa Spotlight, un proyecto de la Unión Europea y las Naciones Unidas para eliminar la violencia contra mujeres y niñas, explica a la perfección todas las áreas de la vida que se pueden enmarcar en este concepto. 

¿Qué es el autocuidado?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el autocuidado es “un estado de completo bienestar físico, mental y social va más allá de la ausencia de afecciones o enfermedades”. Esta suma de cuidados cuadra en un enfoque más integral. Serían las prácticas y decisiones del día a día que persiguen cuidar la salud y tener una mejor calidad de vida.

Así, cada persona debe encontrar las prácticas con las que se siente más alineada. Iniciarse en este proceso implica una toma de responsabilidad; con el paso del tiempo, se percibe una mejoría en la salud a todos los niveles.

Empezando por lo físico, los pilares básicos serían una correcta higiene del sueño, con siete u ocho horas de descanso, seguir hábitos relacionados a la alimentación saludable y la actividad física, e hidratarse de manera constante y adecuada. También la acción a la hora de atender molestias o enfermedades.

Siguiendo estos consejos, es probable que el estado corporal mejore. Pero también sería necesario trabajar una relación saludable con los alimentos (un especialista en psiconutrición aportará más información al respecto), desarrollar un criterio propio y decidir desde la flexibilidad y no desde el miedo o la culpa.

Para la parte de ejercicio físico, no tiene que ser necesariamente de alto impacto. Están muy de moda el yoga, taichí y pilates, pero hay quienes prefieren el entrenamiento muscular. El deporte en grupo también ofrece beneficios en el ámbito social. Además de fortalecer el cuerpo, mejora la autoestima y el autoconcepto.

A modo de cierre, para tener una mayor sensación de descanso, nada de pantallas al menos treinta minutos antes de irse a dormir, y tampoco abusar de las siestas ni de estimulantes como el café.

Según el Manual de Autocuidado de Fundasil en apoyo de la Iniciativa Spotlight, existen cinco tipos de autocuidado (cedida)

Emociones y pensamientos

En el siguiente escalón del autocuidado se encuentra la gestión de emociones y sentimientos. Implica comprender y aceptar que todas las emociones forman parte de la vida y que tienen una función específica. Vaya, que no son buenas ni malas. Son transitorias y se manifiestan a través de sensaciones físicas. 

Lograr un equilibrio emocional facilita la conexión con uno mismo y con los demás. De este modo, la serenidad ayuda a canalizar los pensamientos negativos y ver las acciones cotidianas desde otra perspectiva. Poner límites y aprender a decir ‘no’, así como comunicarlos desde la asertividad, es otro de los eslabones de esta cadena.

Para aquellas personas que tienden a tener pensamientos rumiantes, el autocuidado puede materializarse con actividades que les lleven al momento presente. Leer, escribir, dibujar, cocinar, cuidar las plantas, escuchar música, tener hobbies… Si se siente sobrepasado en su día a día, lo mejor será acudir a un profesional para que le acompañe en este proceso.

En cambio, el autocuidado cognitivo está ligado a las competencias intelectuales, al pensamiento crítico y la creatividad. Tener ideas negativas sobre uno mismo y entrar en bucle con facilidad son prácticas que pueden resultar dañinas a largo plazo. 

Para contrarrestarlas, escribir afirmaciones positivas o realistas, reconocer este tipo de pensamientos desde la conciencia sin juicios y expresarlos en un espacio seguro son algunas de las recomendaciones que propone el manual. En situaciones de incertidumbre o miedo, no es necesario tomar decisiones importantes ni exigirse demasiado.

Frente a la sobrecarga de información en redes sociales, ir al cine, escuchar un pódcast, aprender un nuevo idioma o hacer ejercicios de estimulación cognitiva son claves para calmar la mente. El silencio a través de la meditación, o la práctica del ‘mindfulness’ o atención plena, regulan el estrés y el cortisol.

De lo contrario, es muy fácil caer en un estado de agotamiento mental o ‘burnout’, lo que se traduce en síntomas físicos como insomnio o dolor de cabeza, pero que también tiene un impacto negativo en el rendimiento o la autoestima. Esta saturación suele reflejarse en el ámbito profesional.

Comunidad y espíritu

El autocuidado social tiene que ver con las relaciones interpersonales y con el sentimiento de pertenencia. Hacer planes con los demás (ir al museo, al cine, de fiesta) ayuda a establecer vínculos saludables y construir una red de apoyo. Respeto, empatía y honestidad son valores que deben permanecer en cualquier intercambio social.

Seleccionar las personas y el modo en que nos relacionamos es dar un paso al frente en el autocuidado. En esta categoría se enmarca la gestión de las redes sociales, que están muy presentes en el estilo de vida actual. 

Por último, el autocuidado espiritual es aquel que nos conecta con los valores propios y con nuestro mundo interior. La espiritualidad es un concepto universal ligado a la introspección, al propósito personal y a la búsqueda de lo divino. Son actividades que trascienden, que nos unen a la naturaleza y a todo aquello que llene el alma. 

En resumen, el equilibrio entre todas las partes tiene beneficios inagotables para la salud. Cuidarse no es un acto egoísta: es atender las necesidades propias. Es lograr la pausa frente a la prisa. Un compromiso flexible que nos convierte, en última instancia, en seres humanos cargados de resiliencia. 

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