Entre el trabajo, la familia y las responsabilidades del día a día, las integrantes de la asociación Dejando Huella Melilla encuentran pequeños espacios de tiempo para una actividad que combina creatividad y compromiso animalista. La asociación ha encontrado en la artesanía una vía complementaria para obtener recursos destinados íntegramente a su labor, especialmente para afrontar los gastos veterinarios y la alimentación de los gatos, dos de las principales necesidades a las que debe hacer frente la entidad. Una iniciativa que nace del tiempo personal de sus propias integrantes y que, aunque tiene una presencia cada vez mayor en distintos espacios de la ciudad, representa solo una pequeña parte de todo el trabajo voluntario que desarrollan.
La iniciativa surgió ante la necesidad de encontrar nuevas formas de financiación. Frente a esta realidad, las integrantes decidieron aprovechar sus conocimientos y aficiones para crear productos que pudieran venderse y generar recursos. Fieltro, goma eva, tela y crochet son algunas de las técnicas que confluyen en esta propuesta artesanal, en la que cada una pone su sello personal y su universo creativo.
El proyecto comenzó con la colaboración de Artemisa, un comercio local que ofreció un espacio expositor para mostrar las creaciones. Durante esa primera etapa, los vecinos podían acercarse al establecimiento y adquirir los productos, mientras los beneficios se destinaban a la asociación. Con el tiempo, la iniciativa ha ido ganando presencia y ha encontrado nuevos espacios de difusión, entre ellos los encuentros de mujeres empresarias y emprendedoras de Activas. Allí, las integrantes de Dejando Huella montan su propio puesto y muestran directamente al público una selección de las piezas que elaboran.
Ana Espadas, una de las cinco miembros de la asociación, explica que cada una aporta aquello que sabe hacer y que, además, asume el coste de los materiales empleados. En su caso, compra personalmente la lana de buena calidad de fibras 100% algodón y los elementos necesarios para elaborar sus piezas, por lo que los ingresos obtenidos posteriormente con las ventas se destinan por completo a Dejando Huella. La artesanía se convierte así en una forma más de colaborar con la asociación, una aportación económica que parte directamente de sus propias habilidades y de un tiempo que tienen que sacar adelante entre otras obligaciones.
Para Espadas, el crochet ocupa un lugar especial dentro de su mundo creativo. Su acercamiento a esta técnica comenzó durante el confinamiento, cuando decidió aprender de manera autodidacta durante el embarazo realizando pequeñas prendas y objetos para sus hijos. Poco después descubrió los Amigurumis, muñecos tejidos de inspiración japonesa, y comenzó a experimentar con nuevas formas. Lo que inicialmente era una afición terminó creciendo hasta convertirse en una actividad con encargos propios y, finalmente, en otra vía para recaudar fondos para Dejando Huella.
Su creatividad llegó a tomar forma también bajo el nombre de Amigurukas, una pequeña marca personal que le permitió diferenciar sus trabajos artesanales de la actividad general de la asociación. A través de Instagram fue mostrando algunas de sus creaciones y recibiendo encargos, aunque actualmente mantiene esa faceta más limitada porque compaginarla con el trabajo, los hijos y las responsabilidades cotidianas resulta complicado. Precisamente esa falta de tiempo explica también por qué muchas de las piezas que realiza no llegan a aparecer en redes sociales. La actividad artesanal continúa existiendo, pero buena parte de ella permanece fuera de la pantalla.
El universo del crochet de Espadas, además, va mucho más allá de los Amigurumis. Entre sus piezas también se encuentran bolsos, llaveros y distintos elementos decorativos, junto a otros pequeños objetos que permiten explorar las posibilidades de esta técnica. Son creaciones más sencillas y variadas que amplían la oferta de los puestos de Dejando Huella y permiten que la artesanía llegue a distintos públicos. Sin embargo, existe un tipo de trabajo por el que Espadas siente una especial predilección: aquellos encargos en los que debe reproducir con la mayor fidelidad posible a una mascota o a un animal concreto.
Es precisamente en esas piezas personalizadas donde encuentra uno de sus mayores retos y también una mayor satisfacción personal. Frente a la elaboración de una figura siguiendo un patrón establecido, reproducir un animal concreto supone observar cada detalle y adaptar el tejido a sus características. No hay patrón; hay imaginación visual. Cada hocico, cada proporción, cada forma de la cabeza o del cuerpo obliga a modificar el proceso. Espadas puede llegar a rehacer varias veces una misma parte hasta conseguir que el resultado se aproxime a la mascota original. Esa dificultad es, precisamente, lo que más le atrae como creadora, porque le permite aportar imaginación y trabajar de una manera menos mecánica.
El proceso puede prolongarse durante semanas cuando la pieza exige un trabajo especialmente minucioso. En animales con características particulares, como un Bichón Maltés, el acabado requiere incluso incorporar el pelo de manera individual, trabajando lana sobre lana hasta conseguir una apariencia reconocible. La creativa utiliza materiales de buena calidad, entre ellos lana 100% algodón apta para bebés, y combina el tejido con otros elementos específicos, como ojos o bigotes artificiales, para completar las figuras.
La técnica permite además una enorme variedad de posibilidades. Perros y gatos son algunos de los animales que más se solicitan, pero los encargos pueden llegar prácticamente hasta cualquier especie que el cliente imagine. Entre sus creaciones figura incluso un camaleón inspirado en la película de animación Frozen o un oso hormiguero, un encargo que le hizo su sobrino. La variedad demuestra hasta qué punto el crochet puede alejarse de los objetos tradicionales y convertirse en una herramienta para reproducir formas y personajes muy diferentes.
Aunque el trabajo de Ana destaca por la complejidad de los Amigurukas personalizados, la iniciativa es colectiva. Cada una de las integrantes aporta su propio conocimiento y aprovecha una afición y unas habilidades creativas para generar un beneficio común. La artesanía sirve así para transformar el tiempo en recursos para los animales, a la vez que ofrece una alternativa a unas donaciones que no siempre permiten cubrir todas las necesidades de la asociación. Detrás de estos productos hay horas de trabajo voluntario, materiales costeados por las propias creadoras y una dedicación que continúa desarrollándose.








