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La feria es más que volantes y peinetas, es un lugar de emociones compartidas

Frente al bullicio, hay gestos íntimos que transforman la feria en un acto de memoria luminosa

La tradición ferial cobra vida a través de personas como María Dolores, quien desde hace décadas vive intensamente cada día de feria acompañada por el recuerdo de su hijo Antonio María MartínCon el bolso cargado de flores y el corazón lleno de historias, María Dolores recorre cada rincón de la feria de Alcalá con una energía contagiosa que sorprende a propios y extraños.
En el puesto de Josefa, donde las melillenses acuden en busca de los mejores abalorios flamencos, encontramos a esta madre de cinco hijos que ha convertido cada día de feria en un homenaje viviente a su hijo Antonio María Martín."Yo llevo a la feria que es mi hijo. Y él es el que me hace vivir la feria, me lleva y me guía", cuenta con una sonrisa que ilumina su rostro.
Su conexión con la tradición ferial va más allá de lo visible: "Cuando paso por donde está su foto, le digo... Estamos en la feria, ¿verdad, Antonio? Y él sigue conmigo".La magia de su presencia no pasa desapercibida. Hace poco, una joven desconocida se acercó a ella y le dijo que veía que llevaba "un ángel a su lado". "Me lo dijo casi frente a la foto de mi hijo, sin saber quién era yo.
Le respondí: 'Hija mía, claro que llevo un ángel. Si ese ángel es mi hijo'", relata emocionada.Para ella, si la feria fuera una persona, sería alguien "muy especial", como ella misma se define. "Lo he vivido esta noche, me lo han transmitido y yo lo llevo", explica mientras se ajusta las flores en el pelo.
Con décadas de experiencia ferial, María Dolores ha sido testigo de los cambios desde el Parque Hernández hasta el recinto actual. "Lo veo casi similar, lo único que falta alguna caseta importante, como la militar, que acogía a muchísimo público", reflexiona.Cada día se prepara con ilusión, eligiendo su atuendo. "Mañana el rojo", anuncia con picardía, "vas a ser enfocada.
Este va a ser mi distintivo".Su historia es un testimonio de cómo la tradición, el amor familiar y la alegría de vivir pueden convertir cualquier momento en especial. "No sé de dónde saco yo la fuerza", confiesa, pero la respuesta está clara: la saca del amor y de esa capacidad suya de convertir cada día de feria en una celebración de la vida misma.

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