Antonio Ruiz retrata el patrimonio modernista de Melilla en un catálogo que unifica fotografía, historia y memoria

El fotógrafo y el historiador Antonio Bravo han unido sus miradas en una obra que documenta las molduras de las fachadas de edificios de la ciudad

Todo comenzó con un álbum de fotos. Uno pequeño, sencillo, como los que se guardan en casa con recuerdos familiares. Pero en este caso, las imágenes no eran retratos ni escenas de infancia, eran fotografías de elementos ornamentales de Melilla, tomadas en los años 80 por el historiador Antonio Bravo y reveladas en su laboratorio casero. Un archivo íntimo que, décadas después, acabaría por encender la chispa de un proyecto de memoria visual que siempre acompañó al historiador. Ese álbum, que pasó varias semanas en manos del fotógrafo melillense Antonio Ruiz, fue el detonante de un trabajo que hoy se ha convertido en un catálogo único de molduras modernistas de Melilla, abarcando el periodo entre 1907 y 1947. El catálogo se presentará el 3 de noviembre a las 19:00 horas en el aula 10 de la UNED de Melilla, en un acto que pone en valor el patrimonio arquitectónico de la ciudad, su memoria y su historia compartida.

Antonio Ruiz, con una trayectoria ligada al fotoperiodismo y la fotografía artística, encontró en este proyecto algo más que una colaboración profesional. Fue también un viaje emocional por su propia ciudad, esa que recorrió desde niño y que, en cada esquina, le ofrecía una nueva conexión con su pasado. “Esta es mi ciudad y desde niño he recorrido sus calles. Cuando iba con un amigo y nos despedíamos en la puerta de su casa, esa puerta tenía un enmarque modernista”, recuerda. Volver a caminar por esas mismas calles, esta vez con la mirada de fotógrafo documental, fue para él un ejercicio profundo de revivir el pasado, de traer recuerdos del ayer. “Volver a hacerlo es un ejercicio de memoria; y la fotografía y la memoria están muy relacionadas”, explica el fotógrafo. Porque para Ruiz, cada edificio, cada moldura, no es solo parte del paisaje urbano, sino también un hilo más del tejido emocional de la ciudad, de las historias de la gente. “La fotografía es un instante que permanece”, afirma, y, a través de ella, permanecen también los relatos. "Las ciudades, el entorno donde vive la gente, es como el escenario de un teatro; hay muchas historias y la arquitectura es el decorado" describe Ruiz.

Una de las primeras cosas que descubrió al embarcarse en este trabajo fue la amplitud del legado modernista de Melilla. No se limitaba al centro urbano, como podría pensarse. Aparecía también en barrios como el Real, el monte María Cristina o la carretera de Hidum. Molduras ornamentales, enmarques de ventanas, rostros mitológicos, humanos y florales que salpicaban fachadas alejadas en una ciudad en expansión. La explicación, comenta Ruiz, estaba en los propios artesanos, que después de trabajar en el centro de la ciudad, llevaban esas mismas técnicas y estilos a sus casas. Eso hizo florecer el modernismo más allá de lo previsto y, de este modo, este estilo característico de Melilla no quedó confinado a zonas delimitadas, sino que impregnó la arquitectura de la ciudad.

En el catálogo hay una sorprendente variedad de elementos, que sorprendieron gratamente a Ruiz durante su fase de actividad documental, como figuras mitológicas de dragones, ogros y duendes, además de flores, animales y rostros humanos. Fotografiar significa detenerse a contemplar, preservar un instante de la realidad. Al parase delante de esos edificios, en ocasiones, fluían las historias que los acompañaron en su interior. Recuerdos de los vecinos que se acercan para describir anécdotas de aquellas personas que un día residieron en esas casas, que habitaron el interior de esas fachadas. Personas mayores que recordaban quién vivía en tal edificio, qué familia ocupaba tal balcón, o qué leyenda se asociaba a las cabeza de elefantes talladas que adornan el exterior de una construcción.

El trabajo de Antonio Ruiz se amplió de esa manera, no sólo al pasado arquitectónico que inmortaliza a través de sus fotografías, sino a la intrahistoria que acompaña cada hogar y vecindad. Las imágenes capturadas, permiten así dialogar con la memoria oral de una ciudad. “Cuando desaparecen antiguos edificios modernistas, también desaparecen las historias cotidianas de quienes vivían allí”, reflexiona Ruiz.

Fotografía de Antonio Ruiz

Fotografía de Antonio Ruiz

Desde el punto de vista técnico, el trabajo fue tan riguroso como sensible. Ruiz decidió hacerlo todo desde el principio tomando como referencia la guía de su compañero Antonio Bravo. Las fotografías se hicieron a pie de calle, barrio por barrio, con la cámara digital en mano, otorgando la capacidad al fotógrafo de poder ampliar los elementos sin perder detalle. “No es retoque, es simplemente encuadre y ampliación”, explica Ruiz, quien ha trabajado durante años documentando acontecimientos de la ciudad, retratando personas. Esta vez, el objetivo de su cámara pone en foco la arquitectura inmóvil, lo cual permite la observación y la paciencia desde la quietud.

Pero si algo le ha marcado durante este proceso ha sido el estado de abandono en que se encuentra parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad. “Me alegro cuando veo que se ha rehabilitado un edificio histórico, pero también me lleva el alma a los pies ver tantos en ruinas y que nadie se preocupe”, admite. Muchas veces, la dificultad para intervenir viene por la complejidad de la propiedad: inmuebles heredados por varias personas que no llegan a acuerdos, falta de recursos, indiferencia institucional. Para él, este catálogo también cumple una función práctica de servir como guía visual para futuras rehabilitaciones y protección del patrimonio. “Nunca se había hecho un trabajo tan completo de documentación fotográfica sobre las molduras modernistas de Melilla”, destaca. Y aunque parte de estos elementos ornamentales se encuentren descuidados, Antonio Ruiz encuentra en ellos el encanto y la hermosura. "El paso del tiempo, la falta de cuidados lo han hecho deteriorarse, pero tiene su punto de belleza porque le impregna el paso del tiempo, la edad", describe.

Este proyecto documental ha sido posible gracias a su colaboración con Antonio Bravo, a quien no duda en agradecer especialmente “la oportunidad de colaborar en el catálogo y la confianza en mis fotografías”. Bravo -que llevaba años trabajando junto con otras personas- encontró en Ruiz finalmente el acompañante necesario para culminar un trabajo largamente soñado y que se presenta como un documento de enorme valor cultural. "Creo que tenemos un patrimonio riquísimo en la arquitectura melillense, no solamente los enmarques; también los suelos, la forja, los balcones... yo pediría que se cuidara lo máximo posible", expresa Ruiz. Este catálogo no es solo una publicación, sino un gesto de compromiso con la ciudad. Una invitación a mirar hacia arriba, a detenerse frente a un portal, a recordar que detrás de cada moldura está la historia de la ciudad, pero también de una persona, una familia, o una comunidad.

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