Antonio Jesús Molina presenta una obra ensayística que tiende puentes desde un lenguaje accesible

El autor presentará esta tarde a las 19.30 horas, su nuevo libro en el colegio La Salle El Carmen, una obra que invita a acercar el cristianismo a través de capítulos breves, claridad narrativa y una visión de encuentro

A Antonio Jesús Molina Burgos lo define una curiosa combinación de serenidad, claridad y vocación. Profesor de matemáticas en el IES Rusadir de Melilla, escritor por necesidad más que por ambición, y lector incansable de teología, filosofía y ciencia, su trayectoria vital y profesional le ha llevado a publicar Gotas de Cristianismo para mis Amigos Musulmanes (y para los demás, también), un libro que nace de años de observación, de escucha, de diálogo interno y externo, y de un propósito que se siente cada vez más urgente: explicar sin imponer, construir sin dividir.

El título de la obra ya sugiere su contenido: no se trata de un tratado dogmático ni de un ensayo académico. Son gotas, fragmentos, esbozos breves pero densos de sentido que buscan compartir con naturalidad las bases del cristianismo con quienes no las conocen o desean conocerlas mejor. 110 capítulos cortos componen esta obra, escrita con vocación divulgativa, con sensibilidad pedagógica y con una conciencia clara de su tiempo y de su lector. “Este libro tiene algo distinto a los anteriores que he escrito”, cuenta Molina en una conversación pausada, honesta y llena de referencias culturales. “Mientras que mis obras anteriores se centraban en la filosofía, esta aborda directamente la religión, el cristianismo, desde un enfoque más claro, más directo, más accesible”.

El cambio no ha sido casual. Molina reconoce que el proceso de maduración de esta obra ha sido largo. Durante años fue apuntando ideas, lecturas, citas, intuiciones. “Sin orden, casi como un cuaderno de bitácora”, recuerda. Pero en algún momento, entre 2021 y 2022, ese archivo disperso cobró forma. Algunas lecturas lo empujaron, como El islam explicado a los cristianos, de un sacerdote que vivió décadas en Túnez. “Ese libro me hizo pensar en lo necesario que sería hacer lo contrario: explicar el cristianismo a un lector musulmán. Pero no desde el enfrentamiento ni la apologética, sino desde la claridad, desde el respeto”. El objetivo no era competir con la teología islámica, sino compartir las claves del cristianismo tal como las vive y entiende un creyente que también es profesor, esposo, lector, pensador. “El libro está pensado para un lector musulmán, pero también para cristianos, para no creyentes. Es, en realidad, un intento de acercamiento entre personas”, dice.

Uno de los capítulos más significativos es el que dedica a la luna, ese símbolo cargado de historia y espiritualidad. Para el islam, la media luna remite a la dinastía otomana y al califa Osman I, quien en 1299 tuvo una visión que lo llevó a adoptarla como emblema de su estandarte. Desde entonces, múltiples naciones musulmanas la incorporaron a sus banderas. Pero Molina recuerda que en el cristianismo también tuvo —y tiene— un lugar: desde el siglo IV se discutía si la luz de la luna era propia o reflejada. “La Iglesia afirmó que era luz ajena, que provenía del sol. Una forma de explicar que el cristiano también es reflejo, no origen. Esa imagen me pareció bellísima y útil para hablar de lo común entre religiones que, a veces, solo vemos como opuestas”.

Esa doble presencia simbólica no busca diluir las diferencias entre religiones, sino mostrar que también existen espacios comunes, resonancias, metáforas compartidas. “Las diferencias existen y no deben ocultarse, pero eso no impide que reconozcamos lo que tenemos en común”, afirma el autor. “Como los hermanos: pueden haber tomado caminos distintos, pero siguen siendo hijos de los mismos padres”. Desde esa óptica, el libro plantea una de sus ideas clave: la convivencia no puede basarse en la ignorancia del otro, ni en la desconfianza, ni en la construcción de muros. “Hay dos formas de vivir: levantando barreras o construyendo puentes. Los muros aíslan. Los puentes, en cambio, permiten el tránsito, el reconocimiento y el diálogo. Solo en ese cruce mutuo puede haber verdadera convivencia”, sostiene.

En este esfuerzo por comunicar, la elección del lenguaje ha sido decisiva. El autor cita a Ortega y Gasset para explicar su principio estético y didáctico que impregna su obra: “La claridad es la gentileza del escritor”. Molina se toma esa máxima como una obligación. “He intentado escribir con palabras sencillas, ejemplos cotidianos, referencias comprensibles. He dejado atrás el lenguaje más técnico o filosófico porque lo que me importa es que se entienda lo que quiero decir”. El autor ha intentado huir del lenguaje hermético, de los tecnicismos teológicos o filosóficos, sin renunciar a la profundidad. De hecho, buena parte de los capítulos están salpicados de referencias a pensadores, filósofos, teólogos y santos, pero su inclusión no busca deslumbrar ni intimidar, sino enriquecer la comprensión del mensaje.

El enfoque narrativo y conceptual de Molina tiene también un trasfondo pedagógico. Como profesor, ha aprendido a valorar la importancia del lenguaje claro, del ejemplo cercano, de lo que la pedagogía llama “aprendizaje significativo”. “En clase uno aprende que no basta con saber, hay que saber explicar. Y para explicar bien hay que partir de lo que el otro conoce. Eso es el aprendizaje significativo: conectar con el mundo del otro, para llevarlo poco a poco al tuyo”. En esa misma línea recuerda una imagen que le marcó profundamente: una reflexión del filósofo Antonio Millán-Puelles, quien decía que “estudiar es acumular leña en una chimenea”. La chispa puede venir en cualquier momento —una experiencia, una conversación, una intuición—, pero si no hay leña acumulada, el fuego no prende. “Este libro es un poco eso: una chispa que enciende una madera que ha estado años secándose, preparándose”, afirma.

Cada capítulo aborda un tema distinto: símbolos, pasajes evangélicos, valores cristianos, momentos históricos, incluso aspectos cotidianos. Algunos se inspiran en experiencias personales, otros en libros o imágenes que le impactaron. El conjunto forma un mapa de ideas que no busca imponer dogmas, sino despertar el interés. “A veces una buena pregunta vale más que una mala respuesta”, dice con humor. Y es que en el fondo, este libro es también una respuesta a una carencia. “Existe una ignorancia mutua muy extendida. Los cristianos muchas veces no conocen en profundidad su fe, y tampoco la del otro. Y lo mismo sucede al revés. Este libro es una modesta contribución para cubrir esas lagunas”.

A lo largo de la entrevista, Molina regresa una y otra vez a una idea: la necesidad de actualizar el lenguaje religioso para no perder su fuerza. Utiliza una imagen muy suya para expresarlo: “El cristianismo es como una cerveza. Si se deja reposar mucho tiempo, pierde la espuma. Nuestra tarea es volver a tirar del grifo, devolverle esa frescura que lo hace atractivo”. Esa espuma no es superficialidad, sino vitalidad, conexión con el presente, con los lectores de hoy. No se trata de cambiar el contenido, sino de presentarlo de forma comprensible y viva. La experiencia de escritura, confiesa, también lo ha transformado a él. “Escribir este libro me ha enseñado a mirar de otra forma. He aprendido a decir más con menos, a dejar de lado la complejidad innecesaria. La claridad no es falta de profundidad, es una forma de respeto”.

Esta tarde, en La Salle El Carmen, Antonio Jesús Molina compartirá con los asistentes no solo su libro, sino también su visión del mundo. Un mundo donde el conocimiento no se acumula como adorno, sino como herramienta para el encuentro y el aprendizaje de lo que nos rodea. Donde la religión no se impone, sino que se ofrece como diálogo. Donde el lenguaje no divide, sino que aproxima. Gotas de Cristianismo para mis Amigos Musulmanes (y para los demás, también) no es una obra conclusiva, sino una invitación. Una gota que cae y deja fragancia. Como la cita del aroma de John Henry Newman, las gotas de este libro, buscan presentar de manera poliédrica, concisa y accesible, una fe.

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