Antonio Bravo presenta un nuevo catálogo que recoge 1.200 elementos ornamentales de la arquitectura modernista

El investigador junto al fotógrafo Antonio Ruiz invitan a alzar la vista y observar el patrimonio que Melilla atesora en sus fachadas, un legado arquitectónico que merece ser comprendido, valorado y conservado

El investigador Antonio Bravo y el fotógrafo Antonio Ruiz presentan un nuevo catálogo que recoge más de 1.200 elementos ornamentales de la arquitectura melillense, fruto de más de cuatro décadas de trabajo y observación. La obra, que se dará a conocer el próximo 3 de noviembre -a las 19 horas en el aula 10 de la UNED-, constituye una herramienta de clasificación y conservación del patrimonio modernista de la ciudad, y una invitación a mirar con calma la riqueza estética que muchas veces pasa desapercibida.

Parte de su vida se ha dedicado a la investigación del patrimonio y de la arquitectura melillense. ¿Qué incluye esta nueva publicación?

Es cierto que anteriormente he editado y trabajado otros libros y publicaciones sobre la arquitectura melillense. Este interés mío por la arquitectura de Melilla comenzó hace muchos años, en 1981, de una manera muy circunstancial: simplemente levantando la mirada y viendo el interés que tiene la arquitectura de la ciudad. Entonces se nos ocurrió, en este largo proceso en el que han participado muchos compañeros, intentar clasificar los distintos tipos de elementos ornamentales. Nos dábamos cuenta de que algunos se repetían, otros no, y ahí empezó esa idea de crear este catálogo. Era un trabajo ingente, que ha dormido muchos años porque surgían otros proyectos y, de alguna manera, abarcar toda esa riqueza era complejo. Se necesitaba apoyo y, finalmente, hemos conseguido darle el último empujón y editarlo.

¿Este trabajo de investigación, de recopilación y documentación desde los años 80 acaba generando esta publicación?

Sí. Las primeras imágenes se hacían con cámara en blanco y negro, que yo mismo revelaba en un pequeño laboratorio casero. El empuje definitivo comenzó hará unos tres años con Antonio Ruiz. Él se ofreció a fotografiar de nuevo todo eso, incluidas algunas molduras que no estaban registradas, sobre todo para incorporar el estado actual.

Todo esto nos ha permitido actualizar el catálogo y reformular completamente su sentido, especialmente en lo que se refiere a los enmarques de los vanos, de las ventanas y de las puertas. Una riqueza realmente importante, como se demuestra en este catálogo.

¿Qué tipo de elementos ornamentales incluye el catálogo?

Son lo que podríamos llamar esculturas en relieve. Se trata de elementos florales o geométricos, pero principalmente realizados en piedra artificial y yesería. Otros no se han catalogado porque sería un trabajo ingente: la forja, la baldosa hidráulica u otros elementos de carpintería, como las puertas. Solo se han incluido los relieves escultóricos. De hecho, el número total de elementos catalogados asciende a 1.200, lo que demuestra la importancia de la Melilla modernista.

Las corrientes modernistas son muy amplias y todo eso se refleja en estos elementos. ¿Cómo podemos aprender a mirar esas fachadas y acercarnos a su complejidad y diversidad?

Efectivamente, hay elementos que pertenecen al modernismo más floral, otros que son típicos del modernismo austriaco, de la Secesión Vienesa, y también del art déco. Existe una variedad tremenda. Finalmente, uno debe pasear por la ciudad y mirar, observar. Creo que la base de todo es la observación, porque pasamos por delante de cosas importantes, pero nos acostumbramos, y a la tercera vez ya no miramos. Nuestro cerebro las reconoce y deja de ver los detalles.

Puedo decir, como anécdota, que llevo muchos años observando, pero a veces, al ampliar las fotografías que Antonio ha ido haciendo, me doy cuenta de detalles que me habían pasado desapercibidos. Siempre pienso: “No voy a encontrar nada nuevo”, pero sigo descubriendo muchas cosas que siempre han estado ahí. Falta ese sosiego del paseo y de la mirada a lo que nos rodea. Eso es, tal vez, lo que Melilla también debe reivindicar como ciudad: que permite pasear tranquilamente y contemplar sus edificios.

¿En qué condiciones se encuentra actualmente este patrimonio?

Han pasado ya unos cuantos años, 25, y lo que ha ocurrido es que hay casas que se han demolido. Melilla, en los últimos 45 años, ha sufrido una gran transformación. Por una parte, positiva, porque ha habido mucha construcción; por otra, negativa, porque hay barrios que no cuentan con protección arquitectónica. Lo que está protegido como bien de interés cultural, y donde la administración puede imponer la conservación de las fachadas, no abarca toda la ciudad, y el modernismo popular estaba presente en toda Melilla. Esto nos ha permitido hacer un “chequeo” de la arquitectura local en los últimos 45 años, observando los elementos desaparecidos y otros muchos que aún existen.

El estado, eso todo el mundo lo puede ver. Ahora tenemos un problema: muchos de estos edificios han cumplido ya los 100 años. Se necesitan millones, y no puede asumirlo únicamente la administración, sea cual sea. Es la sociedad melillense la que, de alguna manera, debe entender que invertir en este patrimonio puede ser algo rentable. En la época de la Melilla modernista era muy rentable construir estos edificios; hoy habría que buscar fórmulas de cooperación entre todas las partes implicadas para encontrar soluciones. Muchas veces se pregunta: “¿Por qué no rehabilita este edificio la Ciudad, el Gobierno o el Ministerio de Cultura?”. Pues porque el patrimonio es inmenso: hablamos de casi 500 edificios. Si no se buscan herramientas, sobre todo de cooperación y gestión, resulta muy complejo.

Este libro aporta una catalogación que permitirá identificar los elementos ornamentales únicos y aquellos repetidos en otros edificios. Es una especie de “libro de clasificación” que nos ayuda a valorar qué elementos son más interesantes y cuáles, al repetirse, quizá lo sean menos.

¿Se reconoce cierta autoría en estos detalles ornamentales?

Eso excede el objetivo de este catálogo. He tardado 45 años en completarlo, y haber integrado toda esa información me habría llevado un tiempo del que no dispongo, además de que editorialmente habría sido inviable.
La información se agrupa por estilos: ecléctico, clasicista, modernista geométrico, modernista floral, con motivos humanos, animales, etc. Cada foto aparece con su tipología y con las casas donde se pueden encontrar. En otros casos, las molduras ya han desaparecido —algunas en los años 20 y 30 del siglo XX—, pero las conocemos gracias a fotografías antiguas que también se han incorporado, pues forman parte de la riqueza de esta arquitectura melillense.

De alguna manera, este trabajo también permite valorar. Existen algunos catálogos de edificios, pero no de elementos ornamentales. Además, hay edificios que se ampliaron en distintas fechas, de modo que las molduras del piso bajo son orgánicas y florales, mientras que las del primero son de otro estilo. Ahora, con esta clasificación, todo eso puede apreciarse con claridad.

Lo interesante del libro es que permite una lectura visual —las imágenes son muy bellas—, pero al mismo tiempo es una herramienta de clasificación. Creo que es un trabajo interesante y espero que contribuya a que el patrimonio de Melilla sea más conocido, más reconocido y también mejor conservado. Si logra mentalizar y sensibilizar a las personas, instituciones, profesionales y empresas vinculadas a la construcción y conservación del patrimonio sobre el valor de la ciudad, me sentiré muy satisfecho.

Una vez finalizado el catálogo y estando a punto de presentarse el próximo día 3 en la UNED, ¿querría añadir algo más?

Tendría que hacer una lista de agradecimientos eterna, porque a lo largo de estos años muchos compañeros me han ayudado y orientado. Quiero destacar que este catálogo es un trabajo que siempre he realizado acompañado. Cuando uno se siente acompañado y ve que sus pasiones son compartidas por otros —personas que salen del proyecto y otras que entran—, los trabajos se convierten en tareas de equipo. Y eso, sobre una ciudad como Melilla, es un auténtico placer.

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