Ana Häsler emociona en el Kursaal con un homenaje lírico a José Padilla

La mezzosoprano, acompañada al piano por Antonio López Serrano, revivió los grandes cuplés y melodías universales del maestro español

El patio de butacas, este domingo a mediodía, iba recibiendo al público que, poco a poco, ocupaba sus asientos, principalmente en posición centrada. Los presentes disfrutaron de este recital lírico que incluyó la voz de Ana Häsler, mezzosoprano, acompañada del pianista Antonio López.
El escenario se acondicionaba para la ocasión: un piano de cola negro Yamaha con una silla de respaldo acolchado, una botella de agua sobre él y unos papeles —se presuponen partituras— al otro lado. En medio, un atril móvil con trípode, cerca de otro de madera situado en un lateral, donde se observa un micrófono. El telón rojo, recogido a los laterales, deja la visión completa de un fondo con lona azul marino, iluminada en la parte inferior muy tenuemente. La atmósfera está creada y anticipa el inicio del repertorio lírico. Las luces se apagan tras anunciar los dos minutos que faltan para que comience el espectáculo, mientras el público permanece en sus asientos y llegan las últimas personas interesadas que buscan su lugar.

“Buenas tardes”, se escucha para presentar el programa José Padilla Universal, un recorrido musical por todas las variantes del cuplé, ya sea melancólico, cómico, picaresco o dramático, que destaca además por expresar diferentes ritmos como habanera, tango o pasacalles. También incluye canciones de inspiración taurina y otras con influencias de Enrique Granados y Manuel de Falla, que reflejan la sensibilidad cosmopolita de José Padilla y su capacidad para conectar con su época.

El almeriense José Padilla (1889–1960), compositor, pianista y director de orquesta, es uno de los músicos españoles de mayor proyección internacional, cuya extensa obra abarca piano, canción, tango, zarzuela, revista y bandas sonoras. En 2025 se cumplen 100 años del estreno de Valencia, interpretada por Mercedes Serós en el Teatro Olympia de París, convertida en himno oficioso de la ciudad. También compuso el Himno de Almería, símbolo oficial de su tierra natal. Además, el concierto rinde homenaje a Raquel Meller, figura esencial que internacionalizó el género popular español y dio reconocimiento a compositores como Padilla, inmortalizando canciones como La violetera y El relicario. Este concierto ha llegado a Melilla tras pasar por diferentes puntos de la Península Ibérica, así como por Brasil.

En las palabras de bienvenida dentro del Teatro Kursaal, se expuso la necesidad de “reivindicar la sensibilidad” de José Padilla y acercar sus diversas composiciones al público a través de la programación de conciertos realizados por Amigos de la Música. Una forma de “rescatar del olvido las fallas musicales de nuestro patrimonio común”. Un legado que la UNESCO puso en valor declarando su música de Interés Internacional el 22 de junio de 1989, coincidiendo con la celebración del centenario de su nacimiento, a propuesta del Gobierno de España.

El organismo internacional destacó la proyección mundial de su música, inspirada en ritmos españoles, latinoamericanos, portugueses y franceses, y estrenada en escenarios de París, Buenos Aires, Turín y Madrid. Además, resaltó que su obra, interpretada por artistas como Raquel Meller, Josephine Baker o Plácido Domingo, fue utilizada en películas de Charles Chaplin y Federico Fellini, así como en actos oficiales como el relevo de la Guardia Real británica. La UNESCO subrayó entonces que Padilla encarna el arquetipo del artista popular universal, aquel “cuya obra conoce todo el mundo ignorando su nombre”, y que su legado forma parte de la cultura popular internacional.

Este domingo, sus joyas universales han sido interpretadas por la mezzosoprano Ana Häsler, quien actuó por última vez en Melilla en 2023, junto, esta vez, al pianista Antonio López Serrano. Sus trayectorias profesionales fueron presentadas esta mañana. Häsler, al pisar el escenario, quiso describir a Padilla como uno de los “mejores y más prolíferos españoles”, cuyo repertorio musical “debería escucharse por todos los cantantes, sobre todo los líricos”, sostuvo la cantante. Entre sus palabras, también alabó la figura cosmopolita del compositor español, destacando su amplitud a la hora de inspirarse en cualquier persona, idioma o acción.

Tras estas breves palabras, el pianista Antonio López se situó al piano; ella se puso las gafas y los folios comenzaron  a desplegarse, dejando ver partituras y letras musicales. Comienza la melodía, mientras se incorpora la voz: “no dejes nunca de mirarme, porque quiero morir bajo tus ojos”. Las manos de Häsler acompañan el significado de las palabras: señala, cruza los dedos, cierra los puños, se mueve con la sintonía, junta sus palmas, se abren, se apoyan en el piano. Su cuerpo acompaña esta interpretación con mucha ligereza, pues es a través del movimiento de sus extremidades como enfatiza: discurren de un lado a otro, de arriba a abajo, se relajan, señalan... Sus ojos se cierran, se abren y se dirigen a todos los espacios.

“Seré una flor deshojada...” continúa otra melodía, mientras ella, en poco espacio, hace vibrar su voz y desprende sus brazos y manos para dialogar con la música y con el público, acompañando el significado de la letra de las canciones que interpreta. “J t’aime, J t’aime”, se escucha en francés. Un adelanto de las piezas que durante el recital tuvieron acogida en lenguas como el francés o el italiano.

Ella, Häsler, desliza los folios sueltos escritos con delicadeza de derecha a izquierda. Los aplausos se suceden entre sus canciones. De repente se escucha: “mi princesa, yo te quiero, quiéreme porque me muero...”. La iluminación del Kursaal choca con las lentejuelas del vestido, mientras su movimiento provoca un leve reflejo sobre las paredes de la sala.

De pronto se retira; el escenario disfruta de la música de piano en varias ocasiones a lo largo del recital. Las manos de Antonio López recorren las teclas, siguiendo la partitura con sus ojos clavados en ella, en sus notas, mientras sus manos se mueven y rozan las teclas. Apenas retira la mirada, solo leves parpadeos y movimientos de cabeza. Se estira sobre el respaldo y se encorva hacia el piano, se vuelve a separar y de nuevo se estrecha con el teclado. Tras esos momentos en los que solo se ha escuchado el piano en la sala, resuenan los aplausos; López se levanta y busca a su compañera, que regresa a escena. “Parecen golondrinas que van picando, que van picando... La violetera” suena y, al finalizar, provoca una gran ovación, con mayor intensidad y dilatación en el tiempo.

Uno a uno, los cuadernos de partituras se van desprendiendo, abriendo y plegando, dando paso a otra composición. Una a una, las canciones van detallando la magnitud del repertorio de Padilla y la definición vocal de Ana Häsler, hasta que las luces se encienden , los aplausos llenan la sala y las personas van abandonando sus butacas.

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