Los alumnos de intercambio en la ruta modernista con Juanjo Florensa.
Melilla vuelve a convertirse en punto de encuentro internacional gracias al programa Erasmus+. En esta ocasión, el IES Leopoldo Queipo ha recibido a un grupo de estudiantes franceses dentro de un proyecto educativo que, como su propio nombre indica, busca romper barreras: La música no tiene fronteras.
La iniciativa, impulsada por el departamento de Francés del centro —que participa por primera vez en este tipo de movilidad— ha traído hasta la ciudad a nueve alumnos y dos profesores procedentes del instituto Pierre de Coubertin, situado en los Pirineos Orientales, en la parte francesa de Cataluña.
Al frente de la actividad está Silvia Almendros Roldán, jefa del departamento de Francés del IES Leopoldo Queipo, quien explica que se trata de una experiencia pensada para alumnos de segundo de la ESO, combinando aprendizaje, convivencia y descubrimiento cultural.
“Es una movilidad Erasmus Plus para fomentar la cultura y el aprendizaje en alumnos de secundaria”, resume.
El origen de los estudiantes no es casual. Proceden de un entorno muy diferente al melillense: un instituto ubicado a 1.850 metros de altitud, en plena montaña.
“Es el instituto más alto de los Pirineos Orientales”, explica Almendros, subrayando el contraste con el clima y el paisaje de Melilla.
Esa diferencia ha sido, precisamente, uno de los aspectos que más ha llamado la atención a los jóvenes visitantes. “Están encantados con el clima y con las playas, porque allí pasan mucho frío”, comenta la docente.
Pero no solo eso. La sorpresa ha ido mucho más allá de lo meteorológico.
Uno de los comentarios más repetidos por los estudiantes franceses tiene que ver con la imagen previa que tenían de Melilla o más bien, la falta de ella.
“Dicen que no entienden cómo esta ciudad no es más conocida en Europa”, señala Almendros.
Y es que, como suele ocurrir con muchos visitantes, la realidad ha superado con creces sus expectativas. La arquitectura modernista, el entorno costero y la riqueza cultural han sido algunos de los aspectos que más les han impactado.
“Les están encantando los edificios modernistas”, destaca.
Desde su llegada el pasado sábado, el grupo no ha parado. El programa de actividades está siendo intenso y muy centrado en dar a conocer la historia y la identidad de Melilla.
El domingo arrancaron con una ruta sefardí organizada junto a Mem Guímel, una experiencia que les permitió acercarse a una de las raíces culturales de la ciudad. Después, recorrieron Melilla la Vieja, donde la propia Almendros les hizo de guía.
“Les di un paseo por Melilla la Vieja para que entendieran un poco la historia”, explica.
La agenda ha continuado con una visita al modernismo melillense de la mano de Juanjo Florensa, una de las rutas más valoradas por quienes visitan la ciudad.
Y aún queda mucho por ver. El jueves está prevista una jornada dedicada a los museos, incluyendo el Museo Etnográfico y la Casa del Reloj, además de otros puntos clave como la escuela del Conventico o incluso la Plaza de Toros.
“Vamos a intentar hacer todas las visitas posibles”, asegura la profesora.
El reto del idioma… y el trabajo en equipo
Uno de los aspectos más curiosos de este tipo de intercambios es la comunicación. Aunque los alumnos franceses no dominan completamente el español, el entendimiento no está siendo un problema.
“Tienen un nivelillo, porque están cerca de la frontera española”, comenta Almendros.
Aun así, el trabajo de traducción es constante. Los guías realizan las explicaciones en español y tanto ella como los profesores acompañantes se encargan de trasladar la información al francés cuando es necesario.
“Vamos traduciendo lo que va diciendo el guía”, explica.
Este proceso, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una oportunidad más de aprendizaje tanto lingüístico como cultural.
Si hay algo que nunca falla en este tipo de experiencias es la comida. Y en Melilla, como no podía ser de otra manera, la gastronomía está jugando un papel protagonista.
Durante su estancia, los estudiantes ya han tenido la oportunidad de probar platos típicos, como el cuscús, que ha sido todo un éxito.
“Pidieron cuscús la mayoría, incluso de postre, y les encantó”, cuenta Almendros entre risas.
Además, el programa incluye una actividad muy especial: una merienda multicultural que se celebrará en el propio instituto.
“Vamos a preparar especialidades de todas las culturas”, explica. Dulces y platos representativos que permitirán a los visitantes conocer de primera mano la diversidad gastronómica de la ciudad.
Otro de los aspectos que más está llamando la atención de los alumnos franceses es la convivencia entre culturas que caracteriza a Melilla.
“Me preguntaban si en clase también tenemos hebreos”, relata Almendros.
La respuesta, como no podía ser de otra manera, refleja la realidad plural de la ciudad: cristianos, musulmanes, judíos, gitanos… una convivencia que forma parte del día a día y que resulta sorprendente para quienes llegan de fuera.
“Claro que hay de todo”, afirma la profesora.
Este intercambio no solo permite a los estudiantes franceses conocer Melilla, sino también entender una forma de convivencia que no es tan habitual en otros puntos de Europa.
Aunque este es el primer año que el departamento de Francés del IES Leopoldo Queipo participa en un Erasmus+, la experiencia está siendo tan positiva que todo apunta a que tendrá continuidad.
“Es el primer año que lo hacemos desde el departamento”, explica Almendros, aunque reconoce que otros departamentos del centro ya habían participado anteriormente en este tipo de iniciativas.
El objetivo es claro: seguir fomentando el aprendizaje de idiomas, el intercambio cultural y la apertura de los estudiantes a nuevas realidades.
La estancia del grupo se prolongará hasta el próximo sábado, completando así una semana cargada de actividades, descubrimientos y experiencias.
Durante estos días, los alumnos no solo están conociendo la ciudad, sino también conviviendo con estudiantes locales, compartiendo clases, actividades y momentos que, sin duda, dejarán huella.
“Están encantados por ahora, espero que siga así”, concluye Almendros.
Y todo apunta a que así será. Porque si algo queda claro tras esta visita es que Melilla, una vez más, consigue sorprender a quien la descubre.
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