Ahorrar se ha convertido en una necesidad urgente para miles de familias españolas, especialmente en contextos como el actual, marcados por la inflación, la incertidumbre laboral y el encarecimiento de productor básicos.
El ahorro en la economía familiar ya no es una opción, sino una estrategia de supervivencia. Pero ¿por dónde empezar? ¿Cómo evitar esos pequeños desajustes diarios que terminan desequilibrando el presupuesto mensual?
Para responder a estas preguntas, desde El Faro de Melilla hemos conversado con Cristina Loriente, presidenta de la Asociación de Amas de Casas de Melilla, que agrupa a más de 200 mujeres y hombres de la ciudad.
Su experiencia como ama de casa, abuela y líder vecinal la convierten en una voz muy cercana a la realidad cotidiana de cientos de hogares melillenses.
Loriente comienza con una reflexión sencilla, pero cargada de sentido común: "Gastamos en cosas que no necesitamos". Y es que uno de los principales errores que señala que tiene que ver con los gastos superfluos: compras impulsivas, artículos de marca por estética más que por necesidad o acumulación de productos que acaban sin uso.
"Los jóvenes, por ejemplo, tienen cinco o seis bolsos y aún quieren otro. Compran por comprar", explica, añadiendo que muchas veces estas decisiones se toman sin una conciencia clara de las prioridades económicas de la familia. "Son detalles que parecen pequeños, pero que al final del mes suman mucho dinero tirado".
Cristina Loriente advierte que este patrón no es exclusivo de los jóvenes. Muchas personas adultas también incurren en este tipo de gasto sin revisar su impacto a medio plazo. "La clave está en distinguir entre deseo y necesidad", resume.
Con el mes de septiembre llega la vuelta al cole, y con ella uno de los momentos más duros del año para muchas familias. "Ahora empieza el curso escolar y no te bajas de los 400 euros por niño, solo en libros. Sin contar el material escolar", denuncia Loriente.
Para muchas familias con tres o cuatro hijos, ese gasto se convierte en una verdadera carga.
Una solución que promueve activamente es el intercambio de libros entre familias. "Tiene un primo, un amigo, un vecino... Si el libro te sirve, ¿por qué no usarlo? Es un ahorro enorme. Y no debería dar apuro a nadie perlo prestado".
También destaca la creciente popularidad del mercado de segunda mano, tanto online como en librerías que reciclan libros usados en buen estado. "Eso está muy bien, porque hay familias que no pueden permitirse ese desembolso de golpe. Y el conocimiento no caduca por haber pasado por otras manos".
Otro de los aspectos donde más se nota el gasto familiar es en la alimentación diaria. Según Cristina Loriente, planificar el menú semanal puede marcar una diferencia importante. Aunque reconoce que no todas las amas de casa lo hacen de forma estructurada, muchas sí lo practican de forma espontánea o parcial.
"Yo, por ejemplo, planifico el día anterior. Pero las mujeres que trabajan fuera de casa suelen hacerlo de otra forma: cocinan el fin de semana, lo reparten en 'tuppers' y tienen comida lista toda la semana. Y eso es un ahorro enorme", explica.
Además de ahorrar dinero, este sistema permite ahorrar tiempo y evitar compras compulsivas. "No es lo mismo ir cada día al mercado sin saber qué hacer de comer, que tenerlo todo ya pensado. Si improvisas, acabas gastando más".
Loriente aconseja cocinar en cantidades grandes y congelar. Eso sí, advierte que hay que saber qué alimentos se pueden congelar bien. "Por ejemplo, las patatas no, porque luego no valen. Pero un guiso de carne te puede durar para dos o tres días sin problema".
En la compra diaria, Loriente insiste en el valor de comparar precios y aprovechar ofertas. "A veces compramos todo en el mismo sitio por comodidad, sin mirar si hay otro supermercado donde eso está más barato. Y eso, cuando tienes niños, se nota muchísimo".
El consejo va especialmente dirigido a las familias numerosas. "No es lo mismo que estemos en casa mi marido y yo solos, que tener tres o cuatro niños. En ese caso hay que mirar cada céntimo".
Por eso, recomienda acudir a las tiendas con una lista de lo que realmente se necesita y evitar caer en el "esto se me antoja". "Hay que ir con cabeza. Si no, acabas gastando más de la cuenta en cosas que no necesitabas".
Educar a los más jóvenes en el valor del dinero y el esfuerzo es, según Loriente, una labor urgente. "Muchos niños no se dan cuenta de lo que cuesta conseguir las cosas. Piden ropa de marca solo porque llevan un escudo o un logo, sin pensar si los padres pueden permitírselo o no".
Aunque reconoce que cada familia es un mundo y que no todos tienen las mismas posibilidades, cree que es importante que los padres sean sinceros con sus hijos y les enseñen que el dinero no crece solo. "No se trata de vivir mal, sino de ser conscientes. Hay que enseñarles a priorizar".
También recuerda que muchos padres, aunque puedan gastar, deben saber decir "no". "No me gusta que los hijos exijan, ni aunque el padre tenga dinero ni aunque no lo tenga. Las cosas se explican y se valoran".
La parte final de la conversación gira en torno a cómo llevar un control de los gastos sin que se convierta en una obsesión o sacrificio constante.
Cristina Loriente lo tiene claro: "Cada persona conoce su economía mejor que nadie. Si puedes permitirte un capricho y no afecta a tus finanzas, adelante. Pero si no, hay que mirar por cada euro".
La clave, para ella, está en encontrar un equilibrio entre responsabilidad y bienestar. "No se trata de vivir sin disfrutar, sino de gastar con cabeza. Si te planificas, si comparas, si sabes lo que necesitas realmente, puedes vivir bien y ahorrar a la vez".
El testimonio de Cristina Loriente, alejado de discursos técnicos o teorías inalcanzables, demuestra que el ahorro familiar está al alcance de todos. No hace falta ser economista ni vivir con privaciones. Basta con observar, planificar y tomar decisión con sentido común.
Desde aprovechar ofertas hasta intercambiar libros, pasando por cocinar con previsión o enseñar a los hijos el valor del esfuerzo, las herramientas están ahí. Solo hay que activarlas.
En un momento en que muchos hogares sienten el peso de los gastos mensuales, su mensaje resuena con fuerza: "El ahorro no es renunciar, es organizarse mejor". Y en esa organización - prudente, flexible y consciente - está el verdadero secreto para vivir con tranquilidad y sin sobresaltos.
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