En Melilla, la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFAL) se ha consolidado como un referente para pacientes y familiares que lidian con una enfermedad que, aunque todavía no tiene cura, puede abordarse con acompañamiento especializado y apoyo constante.
María Dolores Arjonilla, presidenta de AFAL, explica cómo la asociación ha evolucionado durante casi tres décadas y cuál es la labor diaria que realizan para mejorar la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad neurodegenerativa.
“La principal misión de la asociación es acompañar al enfermo y a su familia desde el momento en que nos contactan”, explica Arjonilla. “Lo primero que hacemos, cuando llegan al centro, es solicitar el informe médico del paciente y explicar a los familiares en qué consiste nuestro trabajo. A partir de ahí, firmamos un convenio entre la asociación y el paciente con una serie de normas que nos permiten trabajar de manera organizada”. Este primer contacto es fundamental, no solo para establecer protocolos, sino también para crear un vínculo de confianza entre la familia, el paciente y el personal de AFAL.
El proceso de adaptación es uno de los momentos más delicados en el centro. Durante los primeros 15 días, los enfermos participan en un período de prueba para que puedan familiarizarse con el entorno y los cuidadores puedan entender sus necesidades. “Tenemos que crear empatía entre el enfermo y el cuidador, porque en principio no se conocen y ese vínculo es esencial para poder trabajar”, comenta la presidenta.
Una vez superado este periodo, los profesionales del centro comienzan a trabajar de manera más directa con los pacientes. La labor de la psicóloga consiste en evaluar a cada usuario según el estadio de la enfermedad y diseñar actividades que estimulen su memoria y habilidades cognitivas. Manualidades, cálculos, pintura y escritura son algunas de las actividades que ayudan a mantener a los pacientes activos y retrasar, en la medida de lo posible, el avance del Alzheimer.
El equipo de cuidadoras se encarga de acompañar a los pacientes desde su hogar hasta el centro, proporcionarles desayuno y comida, supervisar su higiene y garantizar su bienestar durante toda la jornada. Además, para aquellos que se quedan a comer en el centro, las cuidadoras coordinan la entrega de alimentos, muchos de ellos provenientes del Comedor San Francisco.
Por su parte, la trabajadora social mantiene un contacto constante con la familia, informándoles sobre el progreso del paciente y adaptando la atención según las necesidades específicas de cada hogar.
Arjonilla resalta la importancia de mantener la vida social y emocional de los enfermos. “Celebramos fiestas, cumpleaños, Navidad y otras festividades, intentando reflejar el calendario de todo el año. Además, llevamos a los pacientes a la granja agrícola dos veces por semana, para que trabajen con la naturaleza y los animales, tocando la tierra y participando en actividades que les resultan muy beneficiosas”.
Actualmente, AFAL atiende a una media de entre 12 y 15 usuarios, aunque esta cifra puede variar. La mayoría de los usuarios son mujeres, que representan entre el 70 y el 75% del total, aunque el centro también acoge hombres y pacientes de diferentes confesiones religiosas, adaptándose a sus particularidades sin problema. “El periodo de adaptación es clave; una vez superado, es difícil que los pacientes abandonen el centro, porque se sienten cómodos y seguros”, asegura Arjonilla.
La presidenta comparte también su historia personal, que explica su compromiso con la asociación. “Hace casi 30 años, mi padre comenzó a mostrar signos de demencia a una edad temprana y nosotros no sabíamos cómo actuar. Tras informarme sobre las fundaciones de Alzheimer decidí crear aquí una asociación para apoyar a otros familiares y pacientes”. Su experiencia personal le permitió comprender de primera mano las dificultades que enfrentan tanto los enfermos como sus cuidadores, y convirtió a AFAL en un espacio de referencia en la ciudad autónoma.
Respecto a la atención que recibe la enfermedad en Melilla, Arjonilla reconoce la labor de las administraciones. “No puedo tener quejas. Dependemos de subvenciones de la Ciudad Autónoma y de una pequeña ayuda del Imserso. Siempre hace falta más, pero, en general, contamos con apoyo suficiente para desarrollar nuestra labor”.
La actividad de AFAL no se detiene durante el año. Entre sus proyectos, destacan las celebraciones, las salidas a la granja agrícola y, próximamente, la preparación del Día Mundial del Alzheimer, que se celebra el 21 de septiembre. En esta fecha, la asociación organiza charlas informativas y actividades de concienciación dirigidas a la población, con el objetivo de visibilizar la enfermedad y ofrecer herramientas a los familiares para afrontar los retos que supone.
María Dolores Arjonilla subraya que, aunque el Alzheimer sigue siendo una enfermedad incurable, los recursos y la atención adecuados pueden mejorar significativamente la vida de los pacientes y de sus familias.
La labor de AFAL combina cuidado profesional, acompañamiento emocional y actividades terapéuticas, consolidándose como un pilar fundamental en la atención al Alzheimer en Melilla. Su compromiso personal y la dedicación del equipo demuestran que, incluso frente a enfermedades complejas, la empatía, la organización y la constancia pueden marcar una diferencia tangible en la vida de muchas personas.
AFAL no solo cuida a los enfermos, sino que acompaña a sus familias, fomenta la autonomía de los pacientes dentro de sus posibilidades y ofrece un espacio donde la enfermedad se enfrenta con dignidad, respeto y profesionalidad.
La experiencia de María Dolores Arjonilla y su equipo confirma que, con apoyo y dedicación, es posible mantener la calidad de vida de quienes conviven con el Alzheimer, aliviando el peso emocional que esta enfermedad supone y construyendo una red de ayuda sólida y cercana en Melilla.
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