Sociedad melillense

Abdelkarim Amel: "Las palabras son como las piezas de un puzzle, que, si no sabes colocarlas, nunca lo completarás"

Este ciudadano ha estado cinco años en el paro y recientemente ha comenzado a trabajar de guarda nocturno "en un trabajo mal pagado y mal mirado"

Abdelkarim Amel (Melilla, 1971) es un auténtico filósofo de la calle. Vive el día a día y se muestra orgulloso de ello. Tras cinco años en el paro, hace poco encontró un trabajo.

-¿A qué dedica usted su vida en Melilla?

-De momento, estoy de guarda haciendo un trabajo nocturno mal pagado y mal mirado, y en este tiempo de invierno, ni te digo. Pero, bueno, uno vive con lo que tiene. No puedo decir que no tengo nada. Uno tiene que sufrir, porque nadie te va a dar nada.

-¿Cuánto tiempo lleva de guarda?

-Aproximadamente, dos meses. Pero, si te digo la verdad, llevo cinco años en el paro y eso no se come. En ningún país europeo, democrático ni lógico te encuentras a un padre de familia con ocho hijos, sin cobrar un duro y cinco años en el paro. ¿Estamos en Europa o en África? Yo lo quiero saber. A veces, aquí los políticos salen con las pancartas y dicen y prometen. Eso ya lo sabemos.

-¿Qué formación tiene usted?

-Yo tengo una formación especial. En primer lugar, hablo seis idiomas. Aparte del castellano, el euskera, el gallego o el catalán, el tamazight y el árabe, que es el mejor de los idiomas. Pero también hablo el francés, el inglés, el alemán, y un poco el noruego, el sueco, el italiano y el portugués. O falo portugués también. Y con acento, ¿eh?

-Vaya…

-Yo le pongo acento a las cosas, y eso que no he estudiado. Mire usted… No tengo ningún tipo de estudios.

-¿Cómo ha subsistido durante su vida?

-Tengo muchas profesiones gracias a dios. Para empezar, soy un buen cocinero: el mejor. Y no me refiero a una tapa. Yo puedo cocinar para 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 ó 40.000 personas al mismo tiempo. Si fallo, pago todo. Además, soy el que más sabe de construcción, ya sea metálica o normal.

-¿Cómo está ahora en esta situación?

-Me dijo un arriero que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar. Lo dijo el arriero, no yo. A eso a lo mejor la gente no le da importancia, pero a veces las palabras dicen mucho más de lo que otros imaginan. Yo miro a la persona a los ojos y no lo que lleva puesto. Para mí, lo primero es la persona. Y ¿sabes qué significa ‘persona`? Para ser humano, hay que ser digno de ser. No hablamos de religiones ni de contradicciones, ni de racismo ni de xenofobia. Para ser humano, hay que ser digno de ser, porque el humano sirve.

-Explíquese…

-Yo soy una persona que, cuando relato algo, lo relaciono con el verbo. Es decir, está relacionado con el verbo y somos todos presente, pasado y futuro. Somos cultura y somos humanos. Por eso he dicho que hay que ser dignos de ser humanos.

-¿Cómo ve la situación de Melilla actualmente?

-Caótica y desagradable, sinceramente. Como te he dicho, soy un ser humano digno de ser y la veo caótica.

-¿A qué lo achaca?

-Volvemos al verbo… En primer lugar, lo achaco a los políticos, porque, cuando hacen su trabajo, no lo hacen dignamente. Es decir, políticamente hablando se presentan diciendo que son multiculturales. Luego, cuando analizas la multicultura, ves que es todo lo contrario: xenofobia y racismo. Esto tiene consecuencias políticas. Si lo trasladamos a la ciudadanía, te das cuenta de que lo que he dicho es correcto. La ley no está hecha igual para ti que para mí.

-Y bien…

-Hay que entender que esto es el norte de África. No nos olvidemos de que estamos en el norte, pero, más allá de eso, es África, y aquí empieza, y algunos se creen que esto es el Sáhara, o Guinea Ecuatorial, o Camerún. No. Esto es el Magreb, que llega hasta Túnez. Pero, si hablamos de África, es otro asunto.

-¿Algo más que le gustaría añadir?

-Cuando quieras comentar cualquier cosa, soy digno de servir. Y, como te he dicho, cuando hablo o hago algún comentario, siempre lo hago con el enfoque real. Hay personas que creen que las palabras se las lleva el viento, pero son muy bonitas si las sabes interpretar. Las palabras son como las piezas de un puzzle, que, si no sabes colocarlas, nunca lo completarás.

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