Cierro hoy una etapa emocionante que me ha convertido en lo que soy profesionalmente y desde la que he intentando contribuir, con mi modesto grano de arena, a la Melilla actual, más plural e igualitaria en la que afortunadamente vivimos. Cuando empecé en esta profesión, como una aspirante a plumilla, allá por el inicio de los años 80 –era muy, muy joven entonces-, nuestra ciudad tenía pendiente aún vivir su propia transición. Y lo hizo, no sin convulsiones ni tensiones inherentes a todo cambio crucial como el que finalmente se sucedió, para trazar un nuevo camino en el que, por fin, desterráramos las injustas categorías entre melillenses legales y melillenses sin ningún tipo de garantía jurídica ni política que les respaldase.
Me tocó vivir como un testigo privilegiado ese cambio crucial que nos ha permitido empezar a construir un presente más justo y unas perspectivas de futuro mucho más realistas, posibles y halagüeñas.
Mis casi 30 años en los medios de comunicación, desde  mis primeras colaboraciones en Radio Melilla Ser y en la anterior delegación del Sur, con Agustín Moriche, Manolo Herrera y Avelino Gutiérrez como mis primeros maestros en esta profesión, han escrito mi vida.
Hoy inicio otra etapa, muy relacionada con mi carrera profesional pero absolutamente diferente. No les voy a decir que me paso al otro bando, entendiendo como tal los distintos márgenes de esa línea divisoria que separa y vincula a la vez a políticos y periodistas, pero sí es cierto que me toca jugar en otro terreno distinto, en el que espero sobre todo estar a la altura de las circunstancias.
Como informamos en este Diario, he sido nombrada responsable del Gabinete de Comunicación de la Delegación del Gobierno, a propuesta de su titular, Abdelmalik El Barkani.
Sobra decirles que me honra la confianza que la nueva autoridad gubernativa ha depositado en mí. Mentiría si negara que representa un gran reto después de varias décadas de brega diaria en este mundo de titulares, noticias, editoriales y opinión, donde el trabajo se alarga siempre en el horario nocturno e impone hábitos de vida diferentes al de la mayoría de la ciudadanía.
La Prensa escrita es posiblemente el medio más sacrificado de cuantos existen en el ámbito de la comunicación, pero también es el que permite ir más al detalle, profundizar en mayor medida en los temas que se abordan y adquirir un conocimiento más exhaustivo de la sociedad a la que se dirige.
He sido y soy una privilegiada, con capacidad de trabajo, pero con muchas oportunidades y con la suerte casi siempre de mi parte. No puedo más que agradecer desde aquí la confianza que ha depositado en mí Abdelmalik El Barkani, pero también el apoyo y respaldo que el editor de este medio, Rafael Montero, me ha prestado durante estos cinco años largos en los que he trabajado para él.
Igualmente, agradezco una vez más la oportunidad primera que me brindó Enrique Bohórquez, para el que trabajé durante 20 años, 14 de ellos como directora de Melilla Hoy. Con especial afecto quiero referirme también a Mariángeles Jiménez, directora de TVM, compañera mía de trabajo diario durante mucho tiempo y un gran apoyo a lo largo de mi carrera como periodista.
Punto y aparte merecen mis compañeros, los más recientes de ‘El Faro’, mi codirectora durante este último lustro, Pilar Ortega, y el resto de periodistas y trabajadores de este periódico.
A ellos y a los del resto de medios me debo también especialmente a partir de hoy, y les pido comprensión hasta que logre tomar posición en mi nuevo puesto.
Me apena dejar esta sección que he cultivado durante 20 años, que inicié en Melilla Hoy y continúe en ‘El Faro’ y con la que he publicado unas 5.000 columnas de opinión. No obstante, he aceptado sin dudar el ‘lance’ que  me ha brindado El Barkani porque, tal cual he escrito desde estas páginas, confío en su capacidad y comparto su empeño en seguir avanzando hacia una ciudad más igualitaria y justa para todos.
Mi puesto en la Delegación es ínfimo en comparación a la gran responsabilidad que alcanza a su nuevo titular y otros colaboradores de enorme peso y relevante carrera. No obstante, espero poder contribuir a ayudarles en la medida de mis posibilidades.
A mis lectores, agradecerles que hayan seguido mis ‘Dianas’ a lo largo de estos años. Han sido ustedes mi principal gratificación y mi mayor aliento, y nunca dejaré de estar en deuda por ello.
Por último, tengo que decir que nada de lo que soy sería igual sin Fernando Belmonte, con cuya colaboración espero seguir contando como hasta ahora. Siempre ha sido muy generoso conmigo, es para mí un maestro y una fuente de luz permanente que me ha inspirado, me inspira y que deseo nunca deje de serlo.