Sigue el misterio sobre el robo de la escultura de Mustafa Arruf’, titula hoy nuestra Jefa de Sección, Silvia Perdiguero, respecto de la ‘desaparición’ de una de las obras de arte que de forma jalonada embellecen el principal tramo de nuestro Paseo Marítimo.
Con el nuevo titular de nuestra compañera Silvia subimos un escalón en lo que hasta ahora se barajaba como una extraña e incomprensible desaparición del todo inexplicable.
Recordemos que, en principio, el consejero de Seguridad Ciudadana no tenía conocimiento al respecto en ningún sentido. Posteriormente, a través de Javier Calderón -el aludido responsable del área de Policía Local-, supimos que al menos sí se había comunicado a la Consejería de Fomento que, tal cual logró confirmar ayer nuestra Jefa de Sección, sólo supo de la extraña ‘desaparición’  de la escultura por la empresa encargada de restaurar las misma estatuas y que, actualmente, mantiene retiradas dos de ellas para su pertinente restauración.
Al margen de eufemismos que no pueden esconder la realidad, la estatua más que desaparecida parece a todas luces objeto de un hurto inexplicable, en el que tampoco se entiende cómo la Consejería de Fomento se afana únicamente en tapar el hueco que deja la misma escultura y, por el contrario, adopta un relax incomprensible a la hora de proceder a la correspondiente denuncia .
Lo cierto es que si no hubiese sido por el autor de la escultura, el propio Mustafa Arruf, el ‘extraño’ hecho no habría tenido trascendencia. Y digo extraño, ya no sólo por el cariz del robo, tratándose de una estatua con su correspondiente peana que al margen de pesar  lo suyo -no me atrevo a precisar cuánto, pero mucho sin duda-, requiere de un equipo coordinado para llevársela sin dejar rastro en un lugar, se supone, de especial vigilancia, como es el tramo central del Paseo Marítimo de Melilla.
Robos como éste -pienso que hablar ya de desaparición es un eufemismo tan absurdo como absurdo ha sido todo lo que ha rodeado a la denuncia hecha por Arruf-, no es la primera vez que se producen. Ya hace unos meses desapareció un cañón, de valor histórico, en Melilla la Vieja, y a pesar de que se confió en el registro de las cámaras de un parking público cercano al lugar del hurto, no hay noticias de que se haya avanzado un ápice respecto de la identidad de los actores de la singular sustracción.
Melilla no es una ciudad especialmente insegura, ni certifican lo contrario las estadísticas ni creo que lo percibamos así los melillenses. Pero hurtos de este calado, unidos a la descoordinación evidente entre departamentos de un mismo Gobierno, dan que pensar y ponen en tela de juicio la eficacia de nuestras fuerzas de seguridad. Más aún cuando se constata, como hizo hace unos días la Asociación Unificada de la Guardia Civil en Melilla, que no existe control de ningún tipo sobre los vehículos que salen de la ciudad con destino a Marruecos, de modo que el cañón o la estatua seguro que están ya más que recolocados en el vecino país, cuando no fundidos para obtener el hierro, cobre o bronce del que estaban compuestos.
Hoy el consejero de Seguridad Ciudadana tiene previsto dar una rueda de prensa. Lo mismo nos sorprende con la recuperación de la escultura. Sería la mejor forma de acallar la alarma que provoca, no ya sólo el robo, que también, sino sobre todo el desconocimiento, la descoordinación, la falta de celeridad de Fomento por denunciar la sustracción o ‘desaparición’, si prefieren el eufemismo, del patrimonio público. Esperemos que se dé alguna explicación al respecto y que ésta sea algo más clara que la que ayer dio el delegado del Gobierno, quien acabó rectificando al propio Boletín Oficial del Estado en su afán por rectificar también a ‘El Faro’. Como reflejamos en nuestra edición de hoy, en el BOE se habla de obras de ampliación del CETI y no sólo de remodelación como quiso matizarnos Claret, quien insistió en que seguirá sin ampliarse el centro de acogida de extranjeros, aún cuando su ampliación forzosa viene produciéndose desde que está, como ahora, saturado con más de doscientos ocupantes por encima de su capacidad idónea. No obstante, según Claret, el CETI no se amplia, sino que se remodela para  crear nuevas dependencias en las que albergar a las inmigrantes con hijos a su cargo. Es decir, que no pero sí, porque tendrá más dormitorios, lo que, se mire por donde se mire, y lejos de caer en una discusión bizantina, parece más una ampliación que otra cosa.
Melilla se sigue desperezando de una larga semana de puentes para embarcarse, como decíamos ayer en nuestro editorial, en el maratón festivo previo a todas las Navidades, y aunque el espíritu fraternal nos anime a mirar los hechos y sucesos con la mejor de las intenciones, hay cosas difíciles de digerir por mucho espíritu navideño que queramos ponerle.