• Paco Sánchez, un bombero de Melilla, se metió dentro de un tubo de unos 40 o 50 cm para rescatar a un inmigrante

Sobre las nueve de la mañana de este miércoles, Tango, uno de los perros del Servicio Cinológico de la Guardia Civil de Melilla, localizó a una persona escondida en el fondo de un tubo, de unos 30 o 40 centímetros de ancho, montado sobre una batea. El aspirante a polizón se había ocultado ahí con la pretensión de cruzar a la península en uno de los camiones que hacen el trayecto en barco desde la ciudad. No respondía a las llamadas de atención de los agentes. Estaba casi inerte.

El perrito Tango de la Benemérita, en brazos de su adiestrador, Gerardo Rodríguez.

Hasta el puerto se desplazaron inmediatamente los siete efectivos del Cuerpo de Bomberos que estaban de guardia  en el Parque de Melilla. Entre ellos, Miguel Ángel Carmona, jefe de Dotación, que ayer admitió que si en ese mismo momento se hubiera producido cualquier otra emergencia en otro punto de la ciudad, no habrían podido cubrirla. “Fue un día duro. Fue una operación bastante más compleja de lo que normalmente estamos acostumbrados a hacer en  un rescate”.

Más de una hora tardaron los Bomberos en sacar al inmigrante argelino de 30 años, que necesitó atención sanitaria cuando consiguió salir del tubo donde se había escondido: estaba atrapado y podía haber muerto de no ser porque Pacho Sánchez, un experimentado bombero conductor de Melilla, gracias a su complexión, pudo meterse dentro, engancharlo por los brazos con una cuerda y arrastrarlo hacia afuera. “El tubo era prácticamente del ancho de mis hombros”, comenta a El Faro.

Estrechez y oscuridad

Al salir, Paco Sánchez sangraba por la cabeza. Dentro del tubo no le quedó más remedio que quitarse el casco para poder atar la cuerda a los brazos del inmigrante y arrastrarlo consigo. La estrechez y la oscuridad de la tubería le impedían hacerlo con el casco puesto.

Según ha explicado Paco Sánchez a El Faro, él sólo pensaba en hacerlo bien a la primera. Pero no pudo evitar quemarse en la rodilla y el codo izquierdos, pese a llevar el traje de intervención, que lo forman tres capas. También en la cabeza. Fue por la fricción al arrastrase haciendo fuerza para salir del tubo y sacar al inmigrante.

En cuanto estuvieron fuera, el joven rescatado necesitó de oxígeno. Se lo suministraron allí mismo los sanitarios desplazados hasta el lugar de la intervención en el puerto de Melilla. “No sé qué habría pasado si llega a quedarse más tiempo allí. Estaba bastante mal. Si la boca del tubo la hubieran tapado con cualquier otro elemento de carga, habría fallecido y nadie se habría enterado”, comenta Sánchez.

En 21 años de servicio, este experimentado bombero no había vivido nunca nada como el rescate del pasado miércoles. “Esta intervención ha tenido mucha repercusión mediática, pero tenemos otras que nadie graba y nadie ve, que pasan desapercibidas. Nosotros no nos vendemos mucho. No tenemos gabinete de prensa. Hacemos nuestro trabajo lo mejor posible”, concluye.