• La entrada de un polizón en el aeropuerto de Melilla el pasado sábado y el hecho de que lograra introducirse en la bodega de un avión sigue trayendo cola varios días después del suceso.

Aunque el joven fue finalmente descubierto por el personal de tierra cuando estaban cargando las maletas, aún quedan cabos por atar a la hora de dirimir responsabilidades por este fallo de seguridad.

Ayer, fuentes del sindicato CSI-F contactadas por El Faro aseguraron que la alarma de los sensores del vallado no saltó cuando el polizón se coló en la pista de aterrizaje. Las mismas fuentes subrayaron que este hecho fue algo excepcional, puesto que nunca antes había ocurrido algo así en el aeródromo de nuestra ciudad.

Es un vigilante quien tiene la función de revisar en vivo las imágenes de las 35 cámaras que controlan el aeropuerto. El sistema avisa en cuanto alguien roza el vallado y, de esta manera, la imagen de esa zona se convierte en la principal. Así, se activa el protocolo para impedir que el intruso pueda rebasar la alambrada. Sin embargo, el pasado sábado algo falló.

Desde CSI-F se muestran convencidos de que lo ocurrido se debió a un error técnico y no humano. Habrá que esperar al resultado de la investigación que la Guardia Civil está llevando a cabo desde el sábado para tener una conclusión definitiva.

Pero, por el momento, es inevitable que nos formulemos algunas preguntas. El pasado lunes, el delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, afirmó a preguntas de los periodistas que había zonas del vallado del aeropuerto que no contaban con sensores.

Y ayer, como se ha apuntado, desde CSI-F afirmaron que la alarma de los sensores no funcionó. Sea lo que sea, se ha registrado un grave fallo de seguridad, bien porque el sistema no cubra toda la superficie que tiene que cubrir, bien porque ese dispositivo haya sufrido alguna avería.

Se va haciendo urgente conocer las conclusiones del informe.