Es ingeniero informático, ha trabajado en su país de origen durante años y ahora intenta encontrar un piso en Madrid.

Es la historia de Sam, un solicitante de asilo procedente de Siria y que ahora está en la capital a la espera de recibir el estatus de refugiado. Como la gran mayoría de personas que huyen de la guerra en este territorio, este sirio de origen palestino ha dejado atrás una vida entera.

Llegó a España entrando por la frontera que separa Marruecos de Melilla. Estuvo en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y ahora ha llegado a la ciudad del kilómetro 0, donde vive. “Queremos volver a nuestro país”, proclama Sam, en un intento de hacer comprender su situación de desesperación para dejar atrás su casa por culpa de una guerra que se alarga desde hace ya cinco años.

No se explica de otra forma que una persona haya decidido abandonar toda una vida para salir de su hogar casi con lo puesto y sin saber si volverá a ver a muchos miembros de su familia o si morirán bajo los bombardeos que casi a diario asolan diferentes regiones de Siria.

Sam se encuentra ahora inmerso en un problema completamente diferente al de sus compatriotas que no han salido del país: necesita encontrar una vivienda.

Se trata de uno de los requisitos para conseguir ser, a efectos legales, un refugiado y, por tanto, poder recibir la ayuda de 700 euros mensuales prevista en este tipo de casos. “Está siendo un verdadero desastre encontrar una casa o una habitación: cuando ve la tarjeta roja, mi acento, nivel de español u orígenes, la gente se pregunta quién demonios soy”, lamenta.

Además, ha logrado hacer prácticas en varias empresas en Madrid, aunque lo tiene complicado para firmar un contrato, porque no cuenta con un documento que le acredite como ciudadano sirio. Al ser su padre de origen palestino, se le considera un “apátrida” fuera de Israel.

La historia de Sam puede servir de reflexión para mucha gente. Al menos puede ser útil para recordar que la guerra sigue siendo una realidad en Siria y que las personas que viven en ese país se ven obligadas a dejar todo lo que quieren atrás en busca de un lugar en el mundo en que sus vidas no corra peligro.