Media Melilla lo usa como lengua materna y es habitual escucharlo en sus calles, pero es raro encontrarlo escrito, no se aprende en las escuelas y su cooficialidad suena lejana, aunque el tamazight fue de los primeros en llegar a la ciudad española del norte de África.

Lengua autóctona desde hace milenios, que llegó a abarcar desde Egipto hasta Canarias, ha resistido el empuje de otras foráneas desde tiempos del latín hasta la llegada después del árabe, el francés o el español.

Ahora “su último refugio es el ámbito familiar, doméstico”, relata a Efe Hafar Hassan, responsable del Seminario Permanente de Lengua y Cultura Tamazight.

Aunque este curso esté organizado por una entidad pública como es el Instituto de las Culturas de Melilla, su hipotética cooficialidad o la posibilidad de incluirla en la enseñanza reglada en las escuelas parecen bastante lejanas.

Hace ya una década que a varios partidos nacionalistas se les ocurrió pedir en el Parlamento español que se pusiera al mismo nivel que el castellano en Ceuta y Melilla, pero los gobiernos de las dos ciudades autónomas, ambos del PP, advirtieron de que se abría una polémica innecesaria, que no interesa ni a ceutíes ni a melillenses.

Una metedura de pata, dijeron entonces, porque en Ceuta lo que se habla es dariya y ni siquiera en el vecino Marruecos se plantea esa igualdad del tamazight con el árabe y el francés.

“La cooficialidad es complicada”, manifiesta a Efe la consejera de Presidencia de Melilla, Paz Velázquez, que preside el Instituto de las Culturas.

No obstante, “la ciudad autónoma entiende que la mitad de la población habla tamazight y se debe de fomentar”, recalca, aunque duda de que el Ministerio de Educación esté por la labor de incluirlo en las aulas.

Sin embargo, el profesor Hassan defiende que “recuperar del olvido” al tamazight ayudaría a reducir el fracaso escolar, que en Melilla es uno de los más altos de España.

“El Ministerio está ganando tiempo para conseguir en un plazo equis de años prácticamente borrar y extirpar esta lengua de las nuevas generaciones rifeñas de la ciudad”, advierte.

A su juicio, “al niño bereber se le está negando la lengua materna, las señas de identidad, la memoria histórica” de la mitad de los alrededor de 85.000 residentes en Melilla, que forman parte de “30 millones” de hablantes de tamazight en el norte de África.

En este punto, Faris El Messoudi-Ahmed, uno de los autores del libro “La comunidad amazig de Melilla-Raíces”, comparte este sentir por una lengua “de más de 5.000 años” de vida.

“Deberíamos cuidarla”, empezando por “estudiarla en la escuela”, manifiesta a Efe El Messoudi-Ahmed, miembro del centro de la Unesco en Melilla.

En cambio, el director de Educación en Melilla, José Manuel Calzado, considera que “el problema no es de lengua, es social y cultural”, porque hay padres que cuidan poco la formación de sus hijos, sea en el idioma que sea.

“Los que viven en Melilla de toda la vida” no tienen problema alguno de lengua, sino que son “los niños que han venido de fuera, llevan poco tiempo en la ciudad, los que tienen dificultades” y a los que el Ministerio dedica profesores de refuerzo, señala a Efe.

Mimuntz Mohamed lo enseña, pero no en una escuela, sino en el local de la comunidad islámica Al-Isham.

“Lo habla mucha gente, así que lo primero que hace falta es voluntad”, comenta a Efe para argumentar que “se debería enseñar en las escuelas” e incluso “sería interesante incluirlo en la programación infantil en Televisión de Melilla“.

“Si no se refuerza, puede llegar a perderse”, sentencia, porque “antes se hablaba más y si se mantiene, es por los que vienen de fuera” de Melilla, una ciudad frontera sur de la Unión Europea y por ello puerta de llegada de muchos inmigrantes.

La profesora señala que muchos de sus alumnos son profesionales de varios ámbitos, porque el hospital, los juzgados, el servicio de emergencias 112 o los comercios de la ciudad necesitan alguien que lo hable, “aunque sea con un nivel básico”.

Sus alumnas encajan entre estos profesionales que se han animado por el tamazight y que tras la clase a primera hora de la tarde vuelven a sus trabajos, por lo que se despiden a prisa con un “ar dawha” o hasta luego, aunque para muchos esta lengua merece un “azul” o hola más sentido en Melilla.